jueves, 3 de julio de 2014

Una de barrancos olvidados: La Foz del Abeyón

Ah.ayádevos, cueveros!

Hace unos pocos días Julio y el menda nos embarcamos en una nueva aventurilla barranquista, en el conceyu de Piloña en esta ocasión. Nuestro objetivo era la Foz del Abeyón y el Ríu de Cuendia, en la cuenca del Ríu l'Infiernu o Espinaréu, un cañón que, según me indicaron en su día en L'Infiestu, fue abierto en los años noventa por miembros del Grupo de Montaña Vízcares. Decir por adelantado que esta era toda la información de la que disponíamos: que ya había sido descendido. Nada sabíamos de su configuración, del número y longitud de sus rápeles, o del carácter y estado de las instalaciones. Íbamos, por tanto, a la aventura, y con material como para equipar un barranco de cierta longitud, pues por el mapa habíamos calculado 2 km de recorrido por el cauce, con 200 m. de desnivel.

Quedamos en Les Arriondes, y con ambos coches nos dirigimos a Piloña, pasando por L'Infiestu y Espinaréu, para dejar el primer vehículo en Puente Miera, a la entrada del área recreativa de La Pesanca. Con el otro coche deshicimos el camino hasta Rifabar, localidad a cuya salida cogimos el desvío para Lligüeria, donde dejaríamos el segundo coche, justo antes de la primera casa del pueblo. Hay que decir que la actividad puede plantearse perfectamente también con un sólo coche, estacionándolo en Rifabar (consultar mapas), pero nos procurábamos así algo más de tiempo y nos ahorrábamos esfuerzo.

Ya pertrechados nos damos cuenta de que hemos dejado las cámaras de fotos en el otro coche. A punto estuvimos de volver a bajar hasta La Pesanca, pero íbamos ya por encima del horario previsto y finalmente nos fuimos para el barranco sin las cámaras, lo que lamentamos a lo largo de todo el día. Nos consolábamos pensando que al menos alguna foto podríamos hacer con el móvil que iba en el bidón (aunque poco fue lo que duró la batería y pocas serán las imágenes que ilustren este post). Echamos a andar por un sendero que sale a la derecha de la carretera y en ascenso, justo enfrente de donde aparcamos el coche (donde hay un curioso cartel de "Biembenidos a Ligüeria"). Este camino entronca al poco con otro mayor, casi una pista, por el que continuamos ascendiendo hasta alcanzar un collado desde el que damos vista a la aldea de L'Omedal y a su valle. El camino aquí gira a la izquierda y continua en pronunciado ascenso, primero por la loma divisoria entre ambos valles y más tarde por la falda que cae hacia Lligüeria, al amparo de la Sierra de la Xiblaniella (o de la Silvaniella, depende de las fuentes). Tras algo más de media hora de ascenso (250 m de desnivel) por camino sin pérdida, alcanzamos el Colláu Ciébana, entre la sierra antedicha y el Picu'l Castiellu, donde el camino devola hacia el valle del Ríu de Cuendia.

Vistas desde Ciébana hacia la Sierra d'Aves. En primer término se intuye la tajadura de la Foz del Abeyón, y detrás la de les Foces del Infiernu.

Vistas desde Ciébana hacia el Valle del Pedregal

En Ciébana nos detuvimos un buen rato, ya que las amplias vistas lo merecen, y descansamos lo que tuvimos a bien antes de emprender el descenso por la otra vertiente. Como en tantos rincones de Asturias nos encontramos en la bajada con prados comidos por los jelechos y cuadras y cabañas que fueron buenas y ya no lo son tanto; una pena. Descendimos por buen camino al principio, que se iba perdiendo después en las zonas boscosas, y sin complicaciones llegamos a la más baja de estas antiguas invernales, La Pontiga. Aquí decidimos no bajar directamente al cauce, sino bajar en diagonal para alcanzar el río aguas arriba de la entrada al barranco, donde el Ríu de Cuendia se forma de la unión de los arroyos que bajan del Valle del Pedregal, y de El Potral. Más arriba ya entraríamos en tierras del concejo de Caso y del Parque Natural de Redes, territorio vetado para los probinos barranquistas (más allá hay dragones, tendría que poner en nuestros mapas).

En este punto, donde el Ríu de Cuendia toma su nombre, nos calzamos los neoprenos y nos metimos al cauce, aunque ya sabíamos que en este tramo el río no tenía mayor interés deportivo. Sí que hay algún resalte y algunas zonas bonitas, no obstante. Primero discurrimos por caliza, y después por materiales pizarrosos, y no es hasta 400 m más abajo del punto donde nosotros empezamos, que comienzan las dificultades deportivas. Aquí nos encontramos una cascada que equipamos para rápel a un árbol, aunque a la postre nos dimos cuenta de que podíamos haberla realizado como un vertiginoso tobogán casi vertical de 7 m. Poco más abajo de esta cascada cruza el río una pontiga (la que da nombre a las cabañas); a este lugar hubiéramos llegado de haber bajado por el camino principal, y es el acceso que recomiendo a quien quiera repetir este barranco (remontando un poco, eso sí, para hacer el buen tobogán que acabo de mencionar). De inmediato, aguas abajo del puente, nos encontramos otra cascada de pocos metros que también equipamos para rápel a un árbol, con cordino y anilla. Sin embargo por un trecho no hay más dificultades que unos pocos resaltes, aunque poco a poco se van adivinando entre el arbolado los crestones calizos que dan inicio a lo que propiamente es la Foz del Abeyón. Hasta aquí hemos discurrido por un valle boscoso, profundo pero abierto y sin paredes, y hemos recibido el aporte de algunas riegas afluentes.

Cabecera del R1, de 13 m.

El R1, que se puede hacer como tobogán.

Llegamos finalmente al calcáreo, y el valle profundo se convierte en garganta cerrada. Después de un giro en planta el caudal se sume, y tras unas decenas de metros y un resalte, resurge por la derecha en una vistosa cueva. Aquí el cauce gira de nuevo y se encañona definitivamente formando un profundo y sombrío tajo entre paredes pulidas de caliza oscura. Por fin hemos llegado a la Foz del Abeyón, este barranco casi desconocido, y la pinta que le vemos desde aquí es mucho mejor de lo que nos habíamos supuesto estudiando los mapas y el terreno. Progresamos por el pasillo y alcanzamos al poco una pequeña cascada, imposible de destrepar. Buscamos la instalación, pero no encontramos nada. Son anclajes antiguos, nos decimos, quizá estén tomados por el mofu... pero nada, no encontramos a qué anclar la cuerda. A ver si va a estar sin abrir, nos preguntamos. Finalmene metemos un largo pitón en una grieta y le dotamos de maillón; de él rapelamos.

Cueva por la que resurge el caudal previamente sumido, y que marca el comienzo del sector mejor configurado del descenso.

Continuamos por el encajado cañón, muy estético y sin escapes ni resguardos, aunque con pocas dificultades. Nos encontramos otra cascada... y aquí sí que hay instalación: un vieja clavija con unos cordinos comidos por el verdín y que se mimetizan con los tapices de musgo. Queda claro que no somos los primeros en descender por aquí, pero queda igualmente claro que el barranco ha sido repetido muy pocas veces, si es que se repitió alguna. Comprobamos la clavija, le metemos un maillón, y rapelamos de este único anclaje. De seguido encontramos un sector en el que el pasillo está ocupado por un molesto caos de troncos y ramas (la jaya que allí cayó no era pequeña, no...). Superado este obstáculo alcanzamos, bajo una balma o sotecha, el siguiente rápel, también de pequeña entidad y donde encontramos una antigua instalación a un puente de roca. La renovamos con cordino y anilla y proseguimos por el cañón, que poco a poco va abriéndose nuevamente con configuración de garganta amplia y profunda. Encontramos más resaltes y algún pequeño salto, y al trecho abandonamos el calcáreo y entramos en las cuarcitas, que nos acompañarán hasta el final del descenso.

En este último tramo en cuarcitas el Ríu de Cuendia aumenta algo su caudal merced a dos pequeños afluentes, por derecha e izquierda, y se configura como el típico cañón en cuarcitas con sufciente caudal pero poco desnivel, a saber, algunos toboganes, algunas marmitas que permiten saltos, y unos pocos resaltes destrepables, aliñado todo ello por tramos sin dificultades ni interés y por una roca endiabladamente resbaladiza. En este tramo final del Ríu de Cuendia nos encontramos otros dos rápeles: el primero ya estaba equipado con una vieja chapa (curiosamente a un espit M10), a la que dotamos de maillón pero no reforzamos; en el último, sin embargo, no encontramos instalación, y metimos nuevamente una única clavija.

Recorrido medio kilómetro por las cuarcitas desde que saliéramos de la Foz del Abeyón propiamente dicha, llegamos finalmente a Puente Miera, donde el Cuendia tributa sus caudales al Ríu l'Infiernu, y donde nos esperaba el coche. Tengo que comentar aquí, para quien quiera repetir el descenso, que es mejor abandonar el cauce unos 300 m atrás y tomar un camino que sale por la derecha, después de un tobogán-resalte de destrepe delicado, y que igualmente nos conduciría a Puente Miera, ahorrándonos un trecho de río sin interés.
Dimos fin así a la actividad, en la que empleamos unas seis horas. Y como valoración personal diré que salimos bastante satisfechos, tanto con el barranco en sí (mucho mejor configurado de lo que esperábamos) como con las sensaciones de movernos en un terreno de aventura. La Foz del Abeyón no se convertirá en un clásico, este descenso no da para tanto y le falta continuidad, pero su tramo central es uno de los barrancos más estéticos y bien trabajados por el agua que hemos visitado en la cuenca del Piloña, y nos alegramos de poder "rescatarlo" por medio de este post. Yo al menos sé que lo repetiré allá para el otoño, aunque sólo sea por sacar esas fotos con las que no hemos podido ilustrar adecuadamente esta crónica.

A modo de resumen, y para quien se anime a repetir el descenso:
Salen 7 rápeles, el mayor de 13 m (el primero, que no es obligado y es "toboganeable"); de estos, dos en el tramo inicial pizarroso, tres en la foz en caliza, y otros dos en el tramo final en cuarcitas. Advertir que, en general, la instalación es bastante precaria y se hace obligado reforzarla con un segundo anclaje por cabecera. Pero advertir también que esperamos que nadie se "sobrepase" con la instalación, ya que sería una pena que perdiera el carácter que tiene (es éste un debate habitual en el seno del colectivo barranquista que tampoco pretendo reproducir aquí). Por otro lado mencionar que algunos de los resaltes que nosotros destrepamos, o saltamos apuradamente, quizá con más caudal no sean salvables si no es mediante rápel.

Igualmente creo necesario advertir que el tramo de la Foz del Abeyón es sencillo con el caudal que nosotros encontramos, pero que con el doble de caudal la cosa iba a estar realmente complicada y apurada, especialmente en el R3 y el R4 (también en el R6, ya en la cuarcita). Sinceramente pienso que el barranco sólo es abordable (al menos con la actual instalación) con un caudal bajo, quizás de mayo a octubre. Atención también a la meteo; ya quedó dicho que el tramo de la foz no tiene escapes ni resguardos, y las muestras de grandes crecidas que tenemos dentro del cañón son acongojantes. Por otra parte, y aunque no es excesivamente acuático, sí que presenta marmitas y badinas profundas, y es de aguas frías, por lo que el neopreno completo es obligado.

Y por último, los tiempos. Con dos coches, y entrando por la pontiga y saliendo por el lugar indicado: Acceso 1 hora 15 min. Descenso 3 horas o poco más. Regreso inmediato.

Saludos soterraños y -esta vez- un poco anfibios.


3 comentarios:

Ernesto Antelo dijo...

Ya lo he puesto en mi lista de busca y captura.Me encanta esos rincones que sabes que no encontraras a nadie.
Muchas gracias por la informacion.

Ernesto Antelo dijo...

Hola Pablo, hoy los chicos del club hemos ido a conocer el barranco y nos ha encantado. Empezando por el magnifico tobogán del principio, el entorno y la cantidad de rincones preciosos, hicieron que saliésemos muy satisfechos del barranco.
Otra vez te agradezco la información que nos permite descubrir estos lugares.

Pablo Solares Villar dijo...

Me alegra que os haya prestao. En próximos posts más info de barrancos de Piloña! Saludos