jueves, 23 de octubre de 2014

Nueva apertura, la Foz de la Riega l'Infiernu

¡Ah.ayádevos, cueveros!

El pasado lunes, Julio y el menda realizamos una nueva apertura por tierras de Piloña, un barranco bonito y deportivo en esta ocasión.
El día previo habíamos barajado abordar distintos descensos, bien los Abeyeros, en La Pesanca, o bien alguna de las riegas que bajan del puertu de Arenas, en Cabrales. Sin embargo, cambiamos de planes y nos dirigimos a la cabecera del ríu Color, sobre todo debido a que no nos fue posible quedar hasta el mediodía (aunque al final la actividad elegida resultó bastante larga también). El objetivo era una riega muy encajada y con cascadas que había 'descubierto' casi diez años atrás, cuando preparaba un libro de rutas por Piloña, la Riega l'Infiernu. Desde luego hasta el nombre era sugerente.

Dejamos el coche en la majada de Ogavia, a la que se accede desde el pueblo piloñés de La Matosa, en el mismo lugar que si fuésemos a descender Los Canalizos o la Foz del Ríu Grande.

El Paradañu desde el camino a Pandacéu.

Llegando al Colláu Pandacéu.

Desde Ogavia nuestro itinerario nos condujo al Colláu Pandacéu, y bordeando el Cantu Beleuteru, al Colláu Serayón, donde doblamos hacia el este bordeando por la base la sierra o crestón calizo de la Peña Tameces. Hay que decir que contamos con un día espectacular y caluroso, y que las vistas de todo este tramo hacia el norte son espectaculares: de fondo el mar y la Sierra del Sueve, más próximos los Montes de Sevares y los valles del Color y el Tendi; buenas vistas también hacia occidente, a la Sierra d'Aves con el Picu les Vízcares presidiendo la crestería...

Vistas hacia el Sueve desde las faldas de Tameces.
Rebecos en Sotameces.

Nuestro camino después dobló hacia el sur, superando tras unos tornos la crestería y alcanzando el ámbito de Sotameces, donde dejamos atrás el bosque y avanzamos por pradería. Aquí espantamos a un rebaño de rebecos, que pacían entre las yeguadas. Después nos dirigimos por Sotameces hacia el este nuevamente y siempre en ascenso, hasta ganar un horcado que nos permite sortear la sierra que cierra las praderías por el sur. Damos vista aquí a un panorama espectacular: Picos, todo Ponga con el valle de Semeldón a nuestros pies, Casu, Sierra d'Aves... todo un regalín para la mirada. Nuestro camino prosiguió en dirección al cercano Picu Cunio, aunque nos quedamos en el collado homónimo y no hicimos cumbre.

Peña Tameces, detrás el Nienu y su sierra, y al fondo
la costa entre Xixón y Villaviciosa.

Culminando nuestro ascenso, con el Cornión de telón de fondo.
La Llambria o Peña Taranes y a sus pies toda la salvaje garganta de Vallemoru.

El Cornión, el Pierzu, la Cruz de Valdoré, y el soleyeru pueblín de Carangres.

Vallina de la Riega l'Infiernu y cabecera del Ríu Color.

Una vez en el Colláu Cunio tenemos a nuestros pies la pindia vallina de la Riega l'Infiernu, poblada de denso hayedo. Al fondo del valle, dimos vista ya a los crestones calizos en los que se encaja la foz. Así pues descendimos por el valle, en el que espantamos algún venado despistado. El fondo del valle es una zona muy karstificada, con varias cuevas y sumideros que tragan el caudal de las riegas afluentes; la verdad es que tiene muy buena pinta, pero íbamos a setas, no a rolex...
Finalmente llegamos al punto donde se inician las primeras dificultades en el cauce. Desde el coche nos llevó 2 horas y cuarto a buen ritmo, con algo más de 500 m. de desnivel positivo acumulado.

La Puerte l'Infiernu.

Comimos en la cabecera del primer resalte relevante, con el cauce presidido por un majestuoso texu a la izquierda y una fantástica faya a la derecha; el lugar quedó bautizado como 'la puerta l'Infiernu'. De reseñar la gran cantidad de texos en todos estos bosques que recorrimos, lo mismo que en la propia foz.

El R1 y una de las surgencias que aportan el caudal.

Tras comer nos pertrechamos, y después de dos resaltes llegamos al primer rápel. Hay una pequeña surgencia en cabecera, y en la propia pared otras varias, y a partir de aquí el agua ya no nos abandona. Poco después el modesto R2, formado por un bloque obstruyendo el cauce. Después un tramo sin interés de 100 m. al fondo del cual una alambrada cierra el paso del ganado a la foz. Encontramos a esta altura la cadarma completa de un venado, y un servidor no se pudo resistir a llevarse la testud con la cornamenta. No diré nada de la guerra que dio, con el cráneo dentro de la saca y las cuernas asomando por fuera: Julio conserva los dos güeyos de milagro.

El R4, y numerosos troncos en el cauce.

El R5 formado por un bloque encajado en el cauce.

Traspasada la alambrada tenemos un par de resaltes de destrepe delicado y dos rápeles modestos a continuación. Un pasillo encajado, un canalizo, y tras un giro del cauce en planta comenzamos el tramo más vertical del cañón. Comienza con una sucesión de resaltes y toboganes con marmitas intercaladas. He de comentar que en este punto por poco somos atropellados -especialmente yo- por dos rebecos a la carrera barranco abajo, que se asustaron tanto como nosotros con el encuentro y que desaparecieron por las paredes de la vertiente contraria. Los resaltes y toboganes nos conducen al R6, donde la foz se encaja, y de inmediato al R7, una cascada muy estética. A continuación el R8, que es el único que nos obligó a meter anclajes artificiales, y que encadena dos resaltes.
La foz se abre un poco y nos depara una rampa resbaladiza con dos resaltes de 3 m. Nosotros destrepamos a las bravas, pero sería aconsejable montar rápel. De inmediato el R9, el último y más alto (20 m.). Y tras este rápel una escalera de toboganes con marmita que conducen a un resalte de 6 m., que debería haber sido el último rápel, pero que nosotros evitamos por la derecha, ya que se nos hacía tarde y el cauce ya permitía los escaqueos.

Tramo de toboganes y marmitas.

Cabecera del R6.

El R7, una de las cascadas más bonitas.

En este punto se abre la foz y la riega da un giro en planta, discurriendo ya por bosque más o menos abierto en busca de las aguas del río Color. Este tramo abierto por bosque debe presentar alguna otra cascada, pero ya no nos daba tiempo para continuar. En otra ocasión será. El descenso nos llevó dos horas y media, y todos los rápeles se hicieron a naturales menos uno, a un único espit. Sólo dejamos cordino y maillón en dos de los naturales, que se realizaron sobre raíces de árboles y en los que preveíamos problemas de recuperación; el resto directamente a árboles.

Asturies salvaje.

El R8 y enorme troco atascado.

Estábamos contentos y satisfechos con la actividad, pero no hubo tiempo para muchas felicitaciones, ya que aún nos esperaba un largo camino de retorno y la noche ya se nos echaba encima. El camino de regreso atraviesa un par de riegas por terreno boscoso y en el que es difícil tomar referencias, y siempre en continuo ascenso. Es posible salir a ganar el Colláu Pandacéu o el Serayón, según qué riega remontemos. Nosotros elegimos la primera opción, y llegamos al collado ya de noche tapecíu, tirando de las frontales y esquivando a un mastín ladrador. Tengo que comentar que las duras horas de actividad (junto a una semana convaleciente y a base de antibióticos) me pasaron factura y que costó sudores y muchas paradas llegar al collado. Llegamos al coche hora y media después de haber finalizado el barranco, tras habernos comido otros 350 m. de desnivel acumulado positivo. Estábamos rendidos, pero realmente muy satisfechos con la actividad realizada, un barranco en completo terreno de aventura que recordaremos por largo tiempo.

Para quien quiera repetirlo comentar que hay otro acceso posible, desde Sotameces hacia el oeste, bajando por una pindia canal hacia el cauce. Entraríamos al barranco en la base del R1, y aunque nos ahorraríamos caminata nos perderíamos la parte más vistosa de la aproximación. Nosotros no hemos bajado -obviamente- pero la canal parece practicable, aunque vestida de maleza.

¡Saludos soterraños!

domingo, 12 de octubre de 2014

Los ríos de El Calderón y de Violéu, cabeceras de la Garganta de la Güesal.

¡Ah.ayádevos, cueveros!

A primeros de julio Victoria y quien suscribe realizamos un intento de descenso de la Garganta del Ríu la Güesal (Onís) que no pudimos completar porque comenzamos muy tarde y se nos echó la noche encima, obligándonos a buscar un escape. En su momento lo contamos aquí.
Y este sábado pretendimos saldar esa cuenta pendiente con el barranco, aunque al parecer no aprendimos la lección: también en esta ocasión comenzamos tarde y -como se verá- tampoco completamos el descenso...

El Ríu la Güesal toma su nombre a partir de la confluencia de otros dos pequeños barrancos de cabecera, los del Ríu de El Calderón por la derecha (este) y el Ríu Violéu por la izquierda (oeste), siendo conocido el lugar donde ambos mezclan sus aguas como L'Amecedoriu.
En la anterior ocasión habíamos abordado la Güesal entrando por el Violéu, que es un barranquito sin rápeles y de escaso interés deportivo, pero bonito en su parte final, donde forma una escalera de resaltes y marmitas a modo de gradas. En esta ocasión abordamos el descenso por el otro ramal, El Calderón, que no conocíamos aunque sabíamos que ya había sido descendido y que no entrañaba mayores dificultades.



Dejamos el coche en el mismo lugar que la otra vez, al final de la pista que desde Benia conduce a Castru, próximos a un marcado collado. Una vez pertrechados continuamos por el camino que da continuidad a la pista y que desciende del otro lado del collado. Cruzamos un puentecillo sobre el ríu Violéu y continuamos en ascenso por la ladera contraria, un busca de otro collado evidente que forma la divisoria con la cuenca de El Calderón. Descansamos unos minutos en este collado y después emprendimos nuevamente el descenso, alcanzando el cauce de El Calderón a la altura de una alambrada que cierra el paso al ganado impidiendo que se adentre en el barranco. Desde el coche unos 20-25 minutos.

Comienza el barranco con una bonita escalera de resaltes y pequeñas marmitas, siendo el primero de ellos de destrepe delicado (ante la duda hay árboles que permiten montar un rápel). Tras un giro marcado tenemos un tramo de unos 200 m. abierto y sin interés (prados a la izquierda y vallas de alambrada en el cauce), y después encontramos un par de pequeños resaltes que nos acaban conduciendo a otro de mayor entidad, unos 4 m., que podemos rapelar desde un arbolín o evitar destrepando por la izquierda. De seguido tenemos un segundo rápel (el único obligado con caudal normal) que encadena dos resaltes con una marmita intermedia; el primero es un tobogán que se puede hacer sin cuerda y el segundo una cascada de unos 5 m. La marmita intermedia cubre, por lo que con caudal alto puede convertirse en un punto bastante problemático; sería aconsejable meter anclajes artificiales e independizar el rápel de ambos resaltes. Tras estas pequeñas cascadas el río discurre por un pasillo en las calizas que da un giro brusco en planta y que forma -junto con las cascadas anteriores- el único tramo bien configurado del descenso.
Poco después vuelve a abrirse un tanto. Tenemos un par de resaltes y una larga rampa-tobogán, y pasamos a discurrir por un tramo de garganta amplia boscosa que presenta cuevas en ambas márgenes y numerosísimas surgencias, también en ambas orillas. Tras un par de centenares de metros y un giro en planta, dejamos atrás el tramo de garganta boscosa y pasamos a discurrir por una zona más abierta y con menos vegetación, soleada y con vistas hacia el valle de la Güesal y, a lo lejos, del Güeña. Poco más allá nos encontramos otra larga rampa-tobogán, y de inmediato llegamos a la confluencia con el Violéu en L'Amecedoriu, lugar de inicio de la Garganta de La Güesal propiamente dicha.

El descenso de este tramo nos llevó algo más de una hora (lo cierto es que nos lo tomamos con calma) y nos dimos cuenta que estábamos en el inicio de La Güesal con sólo dos horas de luz por delante... ¡igual que en julio! Sabíamos pues que ya no nos daba tiempo a completar el descenso, y encima en esta ocasión no llevábamos frontales con nosotros. Así las cosas decidimos regresar hacia el coche remontando el Violéu, que ya sabíamos no entrañaba mayor dificultad y que nos llevó poco más de media hora. Llegando ya a los coches tuvimos la oportunidad de charlar un rato con varios ganaderos locales, que amablemente nos aclararon varias cuestiones toponímicas.

Lo cierto es que así planteada (descenso por El Calderón y salida remontando el Violéu) se trata de una actividad más bien "para coleccionistas" que no tiene casi interés deportivo, pero que no obstante tiene un indudable interés estético y que puede hacer pasar una tarde agradable a quienes disfruten de los lugares apartados y de naturaleza bien conservada. Es necesaria cuerda de 30 m.

En cualquier caso parece ser que no hay dos sin tres, y que habrá que regresar nuevamente para completar (esperemos que esta vez sí) el descenso del barranco de La Güesal.

¡Saludos soterraños!

Camino de aproximación.
Escalera de resaltes al comienzo del tramo.
Primer rápel opcional.
Segundo rápel.
Segundo resalte del segundo rápel.
Tramo abierto finalizando el descenso. Detrás la Garganta de la Güesal y al fondo el Ibéu.
Rampa-tobogán que da fin al tramo.
Llegando a L'Amecedoriu.
Inicio de la Garganta de la Güesal y Olla de los Conventos.

martes, 7 de octubre de 2014

La Foz del Porriñal

¡Ah.ayádevos, cueveros!

El lunes de la semana pasada cuatro escariegos -Zaida, Victoria, Julio y el menda- acometimos el descenso de la Foz del Porriñal, un barranco inédito del valle de Espinaréu, en el concejo de Piloña.
A decir verdad, hace ya un montón de años que quien suscribe tenía agüeyada esta foz, pero por una u otra circunstancia nunca le habíamos hincado el diente; ni siquiera durante el más de medio año que residí en Ferrán, a tan sólo un par de kilómetros de distancia...

Abordamos la aventurilla con dos coches. El de salida lo dejamos junto al barrio de Riquemáu, en Rifabar, justo donde se toma el desvío para Lligüeria. El coche de arriba quedó 200 m. antes de L'Omedal, en el cruce con la pista que se encamina a la capilla de Sta. Ana.
Una vez pertrechados el acceso fue corto y sencillo, todo para abajo hacia la entalladura evidente de la foz. En diez minutos estábamos a la entrada del cañón.

El barranco en sí consta de dos partes muy diferentes.
La primera se excava en calcáreo. Y bien excavada: un pasillo oscuro y estrecho en el que las coladas de toba que penden de ambas paredes llegan a tocarse. Sin embargo se trata de un tramo corto que sólo tiene un obstáculo relevante, un tobogán que nos lanza a una marmita en una salita umbría.

Pulidos y pequeños toboganes en el inicio de la foz.
Estrecho tobogán-lanzadera, principal dificultad del tramo calcáreo.
Puente formado por coladas de toba en la zona más umbría.

Tras 200 m. de recorrido la foz se abre tan bruscamente como se cerró, y pasamos a discurrir por cuarcitas en un valle encajado y pendiente, tónica de toda la segunda parte. Al poco de dejar la caliza topamos una zona más vertical que encadena dos rápeles (28 m. el mayor de ellos), y tras un par de resaltes, otro tercer rápel más pequeño que nos deposita en un pasillo relativamente encajado (para ser cuarcitas) que prosigue un centenar de metros. Tras este pasillo el barranco ofrece aún varios toboganes y numerosos resaltes (alguno de los cuales esquivamos por fuera del cauce), pero va perdiendo carácter e interés hasta que encontramos el camino de salida por la derecha, un sendero que en menos de diez minutos nos condujo a la carretera de Lligüeria, poco más arriba de donde nos esperaba el coche.

Uno de tantos pequeños toboganes del tramo en cuarcitas.
Cabecera del primer rápel, el mayor del descenso.
El segundo rápel.
R1+R2 (28+26 m.), la parte más vertical del descenso.
Tercer rápel y pasillo en las cuarcitas.

Todo parece indicar que es el primer descenso del barranco, pero es difícil afirmarlo dadas las características -y lo evidente- del mismo. Nosotros sólo metimos un pitón en el tercer rápel, los otros dos a árboles (dejamos cordino y maillón). Para quien quiera repetirlo comentar que lleva agua todo el año y que el descenso se hace en algo menos de dos horas, siendo tanto aproximación como regreso muy cómodos con dos coches. Y que aunque se trata de un barranco modesto en cuanto a interés deportivo, lo cierto es que puede servir para echar una media jornada entretenida, como fue nuestro caso.

Las fotos que ilustran el post son de Julio Montes.

¡Saludos soterraños!




martes, 5 de agosto de 2014

De beyos y abeyas, y de güesos y aguas (parte III y última)

Ah.ayádevos, cueveros!

Vamos a ir dando ya término a este más que largo, larguísimo, artículo, que además trata de un tema inusual en este blog como es la toponimia. Sigo confiando, no obstante, en que sea del interés de barranquistas y espeleólogos.

Tras comentar en la anterior entrada del blog la etimología popular (llamémosla así) del topónimo Aguasaliu (que lo explicaba por el "agua" que "sale" de la foz o de la cueva), dije que en el ámbito académico se ha propuesto también otra etimología, quizás más interesante aún.

Coincide ésta con la otra explicación en lo correspondiente al primer término de la expresión, que sin duda de ningún tipo deriva del latín AQUA, palabra que tanto en asturianu como en castellano se convierte en "agua". No coincide, sin embargo, en lo referido al segundo término de la expresión, que esta otra explicación pone en correspondencia con el término "salia". Como ya vimos en la primera parte de este artículo "salia" es un término prerromano que significaría "río", "curso de aguas", y que con el tiempo acabaría dando nombre a los actuales ríos Sella, Saja y Besaya (entre otros).

Cascada d'Aguasaliu tras la riada de octubre de 2005 que dejó pelada de musgos su toba.

Con esta segunda interpretación del topónimo (aqua + salia), "aguasaliu" vendría a significar algo así como "el agua del río", un nombre aparentemente absurdo -por redundante- para una cascada o un arroyo. Sin embargo, como ya hemos visto sobradamente, estas absurdas redundancias no son infrecuentes al analizar la etimología de muchos hidrónimos. Una objeción más seria sería -a mi parecer- derivar el actual "-saliu" de ese antiguo "salia", ya que como hemos visto tendría que haber evolucionado, a priori, hacia una forma "sayu" o "seyu" en asturianu-llionés. En todo caso, también es posible que presenten una realización fónica rehecha, acaso "castellanizante".

Quien suscribe no posee los conocimientos necesarios para posicionarse entre una u otra explicación etimológica para este topónimo "aguasaliu", pero en cualquier caso no supone un obstáculo para el interés principal de este artículo, que versa sobre la relación entre este "aguasaliu" y los "güesos" que encontramos en el nombre de otro barranco de la comarca oriental asturiana, la Garganta de la Güesal, en Onís.

Garganta de la Güesal.

Y antes de seguir, tengo que realizar un paréntesis y exclamar: ¡Cuánto daño ha hecho a la cultura asturiana la reiterada castellanización de la toponimia en todos sus ámbitos!

A modo de ejemplo quiero traer a colación dos topónimos (del concejo de Llanes y sin relación con los barrancos), el nombre de dos pequeñas poblaciones: L'Agüera (de Meré) y La Llende (de Vibañu).
En el primer caso -L'Agüera- alguien que desconocía las normas de apostrofación de la lengua asturiana vio un artículo femenino completo donde no lo había, y la forma [pretendidamente] castellanizante acabó siendo "La Huera de Meré", y así aparece hoy día en la práctica totalidad de las publicaciones oficiales.
En el segundo caso -La Llende- sucedió todo lo contrario: los cartógrafos de turno vieron un inexistente artículo masculino apostrofado y el pueblo acabó convirtiéndose, en su forma pretendidamente castellanizada, en "El Allende de Vibaño". Ambas formas desvirtúan por completo el significado y el sentido que ambos nombres tienen en asturiano, que además se adecuan a la perfección a las características geográficas de esos pueblos: L'Agüera se ubica en la mecedura de dos ríos importantes, y La Llende de Vibañu se ubica en los límites de esta parroquia, siendo una de las aldeas más elevadas de la misma. Sin embargo, "La Huera" y "El Allende" poco significan y no tienen relación alguna con la orografía y entorno de estos pueblos.

Si comento estos ejemplos es porque en el caso del nombre del barranco del que quiero hablar a continuación, la Garganta del Ríu la Güesal, ha sucedido algo parecido, constando en mapas y documentación de todo tipo con la forma castellanizada "Río la Huesal". Se objetará -con razón- que en este caso el cambio ortográfico (entre las normas de la lengua castellana y la asturiana) no altera el significado del término, ni su etimología, ni -casi- su fonética.

Aquí, sin embargo, es donde voy a comenzar una nueva "conjetura etimológica", pues ¿de verdad este cambio castellanizante La Güesal > La Huesal no nos estará ocultando una pista importante en lo referido al origen de este hidrónimo?

En la Garganta del Ríu la Güesal.

Lo cierto es que el nombre del Ríu la Güesal siempre me pareció muy curioso, y de algún modo intuía que podría ocultar una otra etimología distinta de la aparentemente relacionada con los huesos/güesos. En muchos barrancos nos encontramos con huesos de animales, no tiene nada de particular. Pero precisamente por ello parece un nombre poco definitorio para designar un barranco frente a otro. Ya digo que es sólo una mera conjetura del autor, que no es filólogo.

En todo caso, ¿y si en vez de La Güesal nos enfrentásemos a un L'Agüesal < L'Aguasal? A un servidor no le parece del todo descabellado que se hubiese dado una asimilación semántica, seguramente antigua, entre ambas expresiones, quizás reforzada por la más moderna castellanización (en la forma escrita) de este topónimo.

De ser así, aqua+salia > l'aguasal > la güesal > la huesal, nos encontraríamos nuevamente ante una transformación semántica por un parecido fonético cuando una expresión deja de tener un significado evidente para los hablantes, caso semejante al de los "beyos" y les "abeyes".

El Ríu la Güesal.

¿Y por qué la forma "Aguasal" y no "Aguasaliu" como en los demás ejemplos citados? Sin duda no es lo mismo, pero me parece una vacilación que no es extraña en la lengua asturiana, y por ello creo que es poco significativa. Así, por ejemplo -y sin salirnos de esta comarca del Oriente de Asturias-, tenemos por un lado una surgencia llamada L'Aguañaz en el nacimiento del Ríu las Bolugas (El Mazucu, Llanes), pero también otra surgencia denominada L'Aguañaciu en el nacimiento del Ríu Güeña (La Robellada, Onís).

Una objeción más seria me parece la transformación y cerramiento de la A de "agua" en la E de "güesu". Este cerramiento no es raro en el final de palabras del asturiano oriental (así: "puerte", "sidre", "peñe"), pero es difícil de explicar en el caso concreto que nos ocupa, a menos que fuese sincrónico y propiciado por el cambio semántico que tranformó (si mi conjetura tiene algún sentido) L'Aguasal, un término de significado menos evidente de lo que tuvo que ser antaño (¿acaso significó "cascada"?), en La Güesal, topónimo que es más fácil de explicar para el hablante moderno, asociado a los habituales restos óseos que se hallan en este (y otros) barrancos.

Como ya he dicho, esta explicación del hidrónimo La Güesal a partir de un hipotético L'Aguasal es sólo una conjetura de quien suscribe, y sería difícil demostrar su veracidad. No obstante es posible que exista documentación antigua (medieval, o más probablemente de los siglos XVI-XVIII) que recoja formas previas de este topónimo, que quizá podrían confirmar o rechazar la posibilidad apuntada en este artículo. En todo caso sería una investigación que, a pesar de su interés, excede el planteamiento de este artículo, y probablemente la capacidad de su autor.

Así pues, concluiremos aquí esta larga entrada del blog. Espero que sea del interés de aquellos barranquistas y espeleólogos que entienden nuestra actividad como algo que va más allá de lo meramente deportivo, y que disfrutan de las distintas vertientes y facetas -naturales pero también culturales- que nos brinda este fascinante terreno de aventura que son nuestras foces y beyos.

Saludos soterraños!


miércoles, 23 de julio de 2014

De beyos y abeyas, y de güesos y aguas (parte II)

Ah.ayádevos, cueveros!

Continuamos con el tema de los "beyos" y les "abeyes" en el punto donde lo habíamos dejado el otro día: ¿Cuál es el significado de la palabra "beyu"? ¿Cuál es el origen de este término, su etimología y evolución?

Respecto al significado lo cierto es que hasta aquí lo hemos dado por supuesto, pero si acudimos al Diccionariu de la Academia de la Llingua Asturiana nos encontraremos con la siguiente definición:

beyu, el: sust. Foz, sitiu [perestrechu ente montes o peñes].

En el Beyu de Redonda (Ponga)

Y respecto a la etimología lo cierto es que la totalidad de los autores que he podido consultar derivan "beyu" de BEDUM (o BEDUS), una palabra céltica latinizada que significaría "zanja", "arroyo", y que habría evolucionado al asturiano perdiendo la -d- intervocálica y generalizando una yod antihiática, una evolución perfectamente justificable en el tránsito del latín al asturianu. Encontramos la raíz "bed-" en la forma gala reconstruida "*bedo-" (= "canal", "foso") y en lenguas celtas modernas: címbrico "bedd", córnico "bedh", bretón "béz" (= "tumba").  A su vez, este radical céltico "bed-" procede de la raíz indoeuropea "*bhedh-", con significado de "cavar".

Por tanto la palabra ha ido evolucionando desde un significado de "foso", "zanja" en las lenguas célticas, al significado de "zanja", "arroyo" en las antiguas formas latinizadas, y finalmente "cañón", "foz", "garganta" en el asturianu actual. Una evolución no carente de sentido.

Apertura del Beyu de Sorbeyu, cerca de Carangres (Ponga)

Estos términos "*bedo-", "bedum" han dejado una importante huella en la toponimia (principalmente hidrónimos) de amplias zonas de Europa, como son el norte de Italia y de España, el sur de Francia, y Suiza. Y en Asturias, como ya se dijo en la primera parte del artículo, tenemos varios "beyos" (y derivados) en la toponimia. El nombre de lugar Beyu / El Beyu, tal cual, lo encontramos en concejos como Amieva, Ponga, Cabrales, Villaviciosa, o Colunga. Por otra parte también aparece la forma Beyo (en Ayer o Quirós, por ejemplo). Y algunos derivados. Así la ya citada La Beyera en el entorno de Los Lagos (pero también reciben este nombre unos "rabiones" del Sella, y una riega del concejo de Parres). O la Riega de Beyusque, en el concejo de Colunga. O la majada de Sorbeyu (Ponga), efectivamente ubicada sobre una encajada foz. Una forma parecida a Sorbeyu la encontramos en la cascada de Sombeju (Peñamellera Baja), que aunque perteneciente a Asturias ya se encuentra en la zona de habla cántabra o montañesa. Con esta forma cántabra encontramos también Beju y Bejes, en el ámbito de los Picos perteneciente a la provincia vecina.

Y -si mi conjetura fuera correcta- deberíamos añadir también la Foz del Abeyón y el Ríu los Abeyeros, en Piloña, que habrían modificado su nombre debido a un proceso de transformación semántica que convirtió los beyos en abeyes.

Pero demos aquí punto final a este asunto, y pasemos a ocuparnos del otro tema que el título de este artículo ya anticipa:


DE GÜESOS Y AGUAS

Otro curioso topónimo relacionado con los barrancos del Oriente de Asturias (y del noreste de León) que siempre me llamó la atención -tanto por su forma como por lo reiterado de su presencia- es el de Aguasaliu / Aguasalios; tanto es así que ya hace años, cuando publiqué la guía 40 barrancos de Asturias (Ed. Desnivel), dediqué una breve nota a este tema.

Quizás los ejemplos más conocidos entre los barranquistas asturianos son el de la Cascada d'Aguasaliu (Los Beyos, Ponga), y el de las cascadas finales de la Foz del Texu (Tarañes, Ponga) que reciben la denominación tradicional de los Aguasalios.

El autor del artículo en Los Aguasalios de la Foz del Ríu'l Texu (Ponga)

Pero tenemos otros muchos ejemplos, especialmente en la vecina provincia de León. Así, por ejemplo, en el valle del Sella (Sayambre) tenemos un Aguasalios (en Sotu) y un Abasalio (en Pío). Y en la cuenca del Esla y comarcas aledañas tenemos, por ejemplo, el Valle y la Cascada de Aguasalio (Cistierna), el Aguasalio de Fuentes (Peñacorada), los Aguasalios (Vegacerneja), o los Altos de Aguasalio (Portilla de la Reina). También el Aguasalio (Aleje) y el Pico Aguasalio (Argovejo), ambos en las vertientes del Pico Moro, bien conocido por los barranquistas leoneses. Seguramente presenta idéntico origen el nombre de la Riega de Aguasayo (en Camaleño, Cantabria). Y podríamos citar unos cuantos ejemplos más.

Irisaciones en la Cascada d'Aguasaliu (Los Beyos, Ponga)

Sin duda, como dije al principio, es un topónimo bien interesante.
Añadiremos que los lugares que reciben este nombre se corresponden en su mayor parte con arroyos que forman cascadas, normalmente a la salida de una foz (caso de los Aguasalios de Tarañes o de la Cascada d'Aguasaliu en Los Beyos) o, incluso, a la salida de una cueva que actúa como surgencia kárstica (el Aguasaliu de Los Beyos, por ejemplo, nace poco más arriba de la tan citada cascada, en la Cueva de Tolos Santos).

Es quizá por esto que la sabiduría popular ha creado su propia explicación etimológica para estos hidrónimos, poniéndolos en relación con el "agua" que "sale", bien de la foz, bien de la cueva, según el caso. No carece de lógica, y quizás sea incluso la explicación más plausible y correcta.

No obstante en el ámbito académico se ha propuesto también otra etimología, a mi entender más interesante incluso.

Pero esta otra etimología, junto con la relación que personalmente encuentro entre los "aguasalios" y los "güesos" que aparecen en otro barranco de la comarca del Oriente de Asturias, lo dejaremos para una tercera (y última parte) de este artículo, pues este post ya se ha alargado más de lo prudencial.

Saludos soterraños!

viernes, 18 de julio de 2014

De beyos y abeyas, y de güesos y aguas (parte I)

Ah.ayádevos, cueveros,

La toponimia es sin duda un campo de estudio especialmente interesante, y en cierto sentido la toponimia de los ríos (y por ende de los cañones y barrancos) lo es, si cabe, aún más, pues refleja en muchas ocasiones términos realmente antiguos, pequeños restos de lenguas ya caducas y olvidadas. No en vano los ríos son uno de los elementos orográficos más importantes y sus nombres perviven desde antiguo.

Son muy conocidas las redundancias en el nombre de los ríos según unas lenguas se ven sustituidas en un territorio por otros nuevos idiomas. En España tenemos numerosos ejemplos, así: el Río Flumen (flumen = río, en latín) o el Río Ara, en Aragón. O más aún, el Río Guadiana, = Río Ouad Anas (río-río-río, castellano-árabe-íbero). [Sobre este tema podemos encontrar buenos ejemplos en la guía de J.A. Ortega y M.A. Cebrián, "50 barrancos del Pirineo. Los descensos más bellos", que dedica un breve e interesante capítulo a "El nombre de los ríos"]

En Asturias también tenemos ejemplos de nombres de ríos cuyo étimo significa, en lenguas prerromanas y puede que incluso preindoeuropeas, precisamente eso, río o curso de aguas, lo que da lugar a topónimos en cierto modo redundantes. Así, el Ríu Sella, palabra que procede del término prerromano salia (por tanto, etimológicamente sería más "Seya" que "Sella"); el mismo origen se encuentra, por ejemplo, en el nombre de los ríos cántabros Saja y Besaya. Otro caso notable es el del Ríu Ibias, hidrónimo seguramente relacionado con el euskera "ibai" (= río). Y quizá menos conocido -aunque no menos interesante- es el caso de la raíz onga/oña/güeña (muy probablemente de origen celta), que con el significado de "río" aparece en numerosísimos hidrónimos asturianos: Güeña, Pigüeña, Estragüeña, Piloña, Ponga, Triongu, Isongu, Cuadonga, Veigadonga, etc.

Pero el post se titula "De beyos y abeyas, y de güesos y aguas", y demostrado ya que el tema de la toponimia de los ríos es bien interesante, paso a centrarme en la cuestión que quería exponer. Antes, sin embargo, he de decir que ni soy filólogo ni tengo conocimientos profundos de toponimia, aunque algo haya leído a lo largo de los años sobre este tema. En todo caso, lo que viene a continuación no es sino una conjetura de quien suscribe.


DE BEYOS Y ABEYAS

Me ha sorprendido -desde que conocí esta zona- la referencia a las abejas (abeyes) en el topónimo de dos barrancos de Piloña, muy próximos entre sí además. Por un lado la Foz del Abeyón (barranco del que hablamos recientemente en este blog), y por otro lado el Ríu los Abeyeros. Sé del uso de los barrancos en la apicultura tradicional de algunas zonas peninsulares (y de otras geografías), pero no he encontrado referencias de ello en Asturias, donde se preferían otras ubicaciones para los "truébanos" de las colmenas. Y eso es realmente lo curioso.

El caso es que dándole vueltas al tema, y reflexionando sobre el hecho de que los hablantes acaban en numerosas ocasiones por reinterpretar y adaptar a la nueva lengua los términos cuya auténtica etimología ya se ha desvanecido del acervo popular, creo que la conclusión correcta sería poner el nombre de estos barrancos de la Alta Piloña en relación con la palabra "beyu", ampliamente reprensentada en la toponimia de otras zonas cercanas como es el ámbito del Alto Sella, y término bien conocido por todos los barranquistas de esta región (seguro que muchos de quienes lean este post habrán descendido el Beyu Viarcellos, o el Beyu la Escosal, o el Beyu Trespuniellos... y sin duda habrán disfrutado de la carretera de Los Beyos y su indescriptible y feraz paisaje).

El Beyu Trespuniellos, uno de los muchos del Desfiladeru Los Beyos

De estar en lo cierto, el nombre de la Foz del Abeyón (del "abejorro") originalmente habría sido la Foz del Beyón, nombre que es tautológico, sí, pero no carente de sentido (y menos considerado desde la lógica de la evolución de los hidrónimos de la que hablé al comienzo del post). De hecho esta foz es la de más difícil tránsito (desde el punto de vista de la mentalidad tradicional) de toda la cuenca del Ríu l'Infiernu, generosa en lo que a foces se refiere, por lo que el aumentativo de "beyón" no parece del todo desacertado, siendo el de más dificil paso de entre los distintos "beyos" de esta zona.

En la Foz del Abeyón

He de reconocer, no obstante, que en la actualidad la palabra "beyu", tal cual, no tiene uso en esta comarca de la Alta Piloña. No tengo claro si esto contradice mi conjetura, o si más bien la refuerza, ya que como se ha dicho, los hablantes tienden a reinterpretar en la nueva lengua los términos, ya sin significado evidente, de la antigua. Así mismo, he de reconocer que no conozco ningún otro "beyón" en la toponimia de la región; todos los "beyos" aparecen sin este aumentativo, aunque sí aparecen otros derivados de "beyu", como se verá después.

Siguiendo idéntica lógica habríamos de interpretar el Ríu los Abeyeros como el Ríu los Beyeros, con el añadido de un sufijo que nos indica una pluralidad [de beyos]. Podrá parecer que estoy llevando la conjetura demasiado lejos, pero el caso es que tenemos un ejemplo semejante en la cuenca del Dobra, la H.oce de la Beyera (o del Ríu la Beyera, o del Osu), que forma la cabecera del Ríu Pelabarda. En este caso el término aparece en femenino, pero dado que casi todas las formas derivadas de "beyu" son masculinas, no parece descabellado que se hubiese dado una forma del tipo "beyeru/beyeros".

El Ríu los Abeyeros

Además la configuración del barranco del Ríu los Abeyeros, una escalera de cascadas con sucesivos modestos estrechamientos del cauce, parece adecuarse a la perfección a esta pluraridad [de beyos] que nos indica el nombre desde esta interpretación. Sin embargo, he de confesar que el Ríu los Abeyeros se excava en cuarcitas, y esto me parece un serio escollo a esta conjetura toponímica mía, pues lo cierto es que el término "beyu" se aplica casi en exclusiva a barrancos y cañones en roca caliza. Unos y otros barrancos (en caliza y en cuarcita) tienen morfologías en general muy distintas, y este es un detalle que tampoco suele escapar a la lógica de la toponimia tradicional (aunque ciertamente existe algún beyu que no se desarrolla íntegramente en calcáreo, por ejemplo, el Beyu de Redonda o el Beyu'l Carmeneru).

Por otra parte hay que señalar que en asturiano no es raro el añadido de un prefijo "a-" sin variar el significado de la palabra, algo que es bien conocido (topar/atopar, cutar/acutar, pegar/apegar, fuxir/afuxir, etc.). Quizás esto pudo propiciar la transformación del "beyu" (beyón, beyeros), una palabra de una lengua perdida y ya sin significado obvio para los hablantes, en "abeya" (abeyón, abeyeros), una palabra común para designar al bien conocido insecto, la abeja.

Seguramente el lector que haya llegado hasta aquí se estará preguntando: ¿pero, entonces, qué es realmente un "beyu"? ¿cuál es el origen y el significado de esta palabra? Sin duda será necesario aclararlo para que quien lea esta conjetura mía pueda mostrarse de acuerdo o en desacuerdo con ella. Pero eso lo dejaremos para una segunda parte de este artículo, que este post ya se ha alargado más de lo aconsejable.

Saludos soterraños!

viernes, 11 de julio de 2014

El Ríu la Güesal (intento fallido y a la carrera)

Ah.ayádevos, cueveros!
Un día de estos nos fuimos Victoria y el menda, después de trabajar y contrarreloj, a descender la Garganta del Ríu la Güesal, un barranco que nos queda al pie del curro. Victoria nunca lo había bajado, y yo hace bastante tiempo (y como pude comprobar no me acordaba de nada). Pero el intento fue fallido... Sólo teníamos un par de horas de luz y no nos dio para completar el descenso, optando por salirnos por el escape bajo la Cueva la Soterraña, más o menos a mitad de recorrido. Ya caerá entero en otra ocasión...

El Ríu Violéu, afluente por el que accedimos a La Güesal

Entrando a La Güesal


Primeros resaltes y marmitas

El modesto primer rápel

Cabecera del segundo rápel

Y el sol poniéndose sobre el tramo que dejamos para mejor ocasión