domingo, 12 de octubre de 2014

Los ríos de El Calderón y de Violéu, cabeceras de la Garganta de la Güesal.

¡Ah.ayádevos, cueveros!

A primeros de julio Victoria y quien suscribe realizamos un intento de descenso de la Garganta del Ríu la Güesal (Onís) que no pudimos completar porque comenzamos muy tarde y se nos echó la noche encima, obligándonos a buscar un escape. En su momento lo contamos aquí.
Y este sábado pretendimos saldar esa cuenta pendiente con el barranco, aunque al parecer no aprendimos la lección: también en esta ocasión comenzamos tarde y -como se verá- tampoco completamos el descenso...

El Ríu la Güesal toma su nombre a partir de la confluencia de otros dos pequeños barrancos de cabecera, los del Ríu de El Calderón por la derecha (este) y el Ríu Violéu por la izquierda (oeste), siendo conocido el lugar donde ambos mezclan sus aguas como L'Amecedoriu.
En la anterior ocasión habíamos abordado la Güesal entrando por el Violéu, que es un barranquito sin rápeles y de escaso interés deportivo, pero bonito en su parte final, donde forma una escalera de resaltes y marmitas a modo de gradas. En esta ocasión abordamos el descenso por el otro ramal, El Calderón, que no conocíamos aunque sabíamos que ya había sido descendido y que no entrañaba mayores dificultades.



Dejamos el coche en el mismo lugar que la otra vez, al final de la pista que desde Benia conduce a Castru, próximos a un marcado collado. Una vez pertrechados continuamos por el camino que da continuidad a la pista y que desciende del otro lado del collado. Cruzamos un puentecillo sobre el ríu Violéu y continuamos en ascenso por la ladera contraria, un busca de otro collado evidente que forma la divisoria con la cuenca de El Calderón. Descansamos unos minutos en este collado y después emprendimos nuevamente el descenso, alcanzando el cauce de El Calderón a la altura de una alambrada que cierra el paso al ganado impidiendo que se adentre en el barranco. Desde el coche unos 20-25 minutos.

Comienza el barranco con una bonita escalera de resaltes y pequeñas marmitas, siendo el primero de ellos de destrepe delicado (ante la duda hay árboles que permiten montar un rápel). Tras un giro marcado tenemos un tramo de unos 200 m. abierto y sin interés (prados a la izquierda y vallas de alambrada en el cauce), y después encontramos un par de pequeños resaltes que nos acaban conduciendo a otro de mayor entidad, unos 4 m., que podemos rapelar desde un arbolín o evitar destrepando por la izquierda. De seguido tenemos un segundo rápel (el único obligado con caudal normal) que encadena dos resaltes con una marmita intermedia; el primero es un tobogán que se puede hacer sin cuerda y el segundo una cascada de unos 5 m. La marmita intermedia cubre, por lo que con caudal alto puede convertirse en un punto bastante problemático; sería aconsejable meter anclajes artificiales e independizar el rápel de ambos resaltes. Tras estas pequeñas cascadas el río discurre por un pasillo en las calizas que da un giro brusco en planta y que forma -junto con las cascadas anteriores- el único tramo bien configurado del descenso.
Poco después vuelve a abrirse un tanto. Tenemos un par de resaltes y una larga rampa-tobogán, y pasamos a discurrir por un tramo de garganta amplia boscosa que presenta cuevas en ambas márgenes y numerosísimas surgencias, también en ambas orillas. Tras un par de centenares de metros y un giro en planta, dejamos atrás el tramo de garganta boscosa y pasamos a discurrir por una zona más abierta y con menos vegetación, soleada y con vistas hacia el valle de la Güesal y, a lo lejos, del Güeña. Poco más allá nos encontramos otra larga rampa-tobogán, y de inmediato llegamos a la confluencia con el Violéu en L'Amecedoriu, lugar de inicio de la Garganta de La Güesal propiamente dicha.

El descenso de este tramo nos llevó algo más de una hora (lo cierto es que nos lo tomamos con calma) y nos dimos cuenta que estábamos en el inicio de La Güesal con sólo dos horas de luz por delante... ¡igual que en julio! Sabíamos pues que ya no nos daba tiempo a completar el descenso, y encima en esta ocasión no llevábamos frontales con nosotros. Así las cosas decidimos regresar hacia el coche remontando el Violéu, que ya sabíamos no entrañaba mayor dificultad y que nos llevó poco más de media hora. Llegando ya a los coches tuvimos la oportunidad de charlar un rato con varios ganaderos locales, que amablemente nos aclararon varias cuestiones toponímicas.

Lo cierto es que así planteada (descenso por El Calderón y salida remontando el Violéu) se trata de una actividad más bien "para coleccionistas" que no tiene casi interés deportivo, pero que no obstante tiene un indudable interés estético y que puede hacer pasar una tarde agradable a quienes disfruten de los lugares apartados y de naturaleza bien conservada. Es necesaria cuerda de 30 m.

En cualquier caso parece ser que no hay dos sin tres, y que habrá que regresar nuevamente para completar (esperemos que esta vez sí) el descenso del barranco de La Güesal.

¡Saludos soterraños!

Camino de aproximación.
Escalera de resaltes al comienzo del tramo.
Primer rápel opcional.
Segundo rápel.
Segundo resalte del segundo rápel.
Tramo abierto finalizando el descenso. Detrás la Garganta de la Güesal y al fondo el Ibéu.
Rampa-tobogán que da fin al tramo.
Llegando a L'Amecedoriu.
Inicio de la Garganta de la Güesal y Olla de los Conventos.

martes, 7 de octubre de 2014

La Foz del Porriñal

¡Ah.ayádevos, cueveros!

El lunes de la semana pasada cuatro escariegos -Zaida, Victoria, Julio y el menda- acometimos el descenso de la Foz del Porriñal, un barranco inédito del valle de Espinaréu, en el concejo de Piloña.
A decir verdad, hace ya un montón de años que quien suscribe tenía agüeyada esta foz, pero por una u otra circunstancia nunca le habíamos hincado el diente; ni siquiera durante el más de medio año que residí en Ferrán, a tan sólo un par de kilómetros de distancia...

Abordamos la aventurilla con dos coches. El de salida lo dejamos junto al barrio de Riquemáu, en Rifabar, justo donde se toma el desvío para Lligüeria. El coche de arriba quedó 200 m. antes de L'Omedal, en el cruce con la pista que se encamina a la capilla de Sta. Ana.
Una vez pertrechados el acceso fue corto y sencillo, todo para abajo hacia la entalladura evidente de la foz. En diez minutos estábamos a la entrada del cañón.

El barranco en sí consta de dos partes muy diferentes.
La primera se excava en calcáreo. Y bien excavada: un pasillo oscuro y estrecho en el que las coladas de toba que penden de ambas paredes llegan a tocarse. Sin embargo se trata de un tramo corto que sólo tiene un obstáculo relevante, un tobogán que nos lanza a una marmita en una salita umbría.

Pulidos y pequeños toboganes en el inicio de la foz.
Estrecho tobogán-lanzadera, principal dificultad del tramo calcáreo.
Puente formado por coladas de toba en la zona más umbría.

Tras 200 m. de recorrido la foz se abre tan bruscamente como se cerró, y pasamos a discurrir por cuarcitas en un valle encajado y pendiente, tónica de toda la segunda parte. Al poco de dejar la caliza topamos una zona más vertical que encadena dos rápeles (28 m. el mayor de ellos), y tras un par de resaltes, otro tercer rápel más pequeño que nos deposita en un pasillo relativamente encajado (para ser cuarcitas) que prosigue un centenar de metros. Tras este pasillo el barranco ofrece aún varios toboganes y numerosos resaltes (alguno de los cuales esquivamos por fuera del cauce), pero va perdiendo carácter e interés hasta que encontramos el camino de salida por la derecha, un sendero que en menos de diez minutos nos condujo a la carretera de Lligüeria, poco más arriba de donde nos esperaba el coche.

Uno de tantos pequeños toboganes del tramo en cuarcitas.
Cabecera del primer rápel, el mayor del descenso.
El segundo rápel.
R1+R2 (28+26 m.), la parte más vertical del descenso.
Tercer rápel y pasillo en las cuarcitas.

Todo parece indicar que es el primer descenso del barranco, pero es difícil afirmarlo dadas las características -y lo evidente- del mismo. Nosotros sólo metimos un pitón en el tercer rápel, los otros dos a árboles (dejamos cordino y maillón). Para quien quiera repetirlo comentar que lleva agua todo el año y que el descenso se hace en algo menos de dos horas, siendo tanto aproximación como regreso muy cómodos con dos coches. Y que aunque se trata de un barranco modesto en cuanto a interés deportivo, lo cierto es que puede servir para echar una media jornada entretenida, como fue nuestro caso.

Las fotos que ilustran el post son de Julio Montes.

¡Saludos soterraños!




martes, 5 de agosto de 2014

De beyos y abeyas, y de güesos y aguas (parte III y última)

Ah.ayádevos, cueveros!

Vamos a ir dando ya término a este más que largo, larguísimo, artículo, que además trata de un tema inusual en este blog como es la toponimia. Sigo confiando, no obstante, en que sea del interés de barranquistas y espeleólogos.

Tras comentar en la anterior entrada del blog la etimología popular (llamémosla así) del topónimo Aguasaliu (que lo explicaba por el "agua" que "sale" de la foz o de la cueva), dije que en el ámbito académico se ha propuesto también otra etimología, quizás más interesante aún.

Coincide ésta con la otra explicación en lo correspondiente al primer término de la expresión, que sin duda de ningún tipo deriva del latín AQUA, palabra que tanto en asturianu como en castellano se convierte en "agua". No coincide, sin embargo, en lo referido al segundo término de la expresión, que esta otra explicación pone en correspondencia con el término "salia". Como ya vimos en la primera parte de este artículo "salia" es un término prerromano que significaría "río", "curso de aguas", y que con el tiempo acabaría dando nombre a los actuales ríos Sella, Saja y Besaya (entre otros).

Cascada d'Aguasaliu tras la riada de octubre de 2005 que dejó pelada de musgos su toba.

Con esta segunda interpretación del topónimo (aqua + salia), "aguasaliu" vendría a significar algo así como "el agua del río", un nombre aparentemente absurdo -por redundante- para una cascada o un arroyo. Sin embargo, como ya hemos visto sobradamente, estas absurdas redundancias no son infrecuentes al analizar la etimología de muchos hidrónimos. Una objeción más seria sería -a mi parecer- derivar el actual "-saliu" de ese antiguo "salia", ya que como hemos visto tendría que haber evolucionado, a priori, hacia una forma "sayu" o "seyu" en asturianu-llionés. En todo caso, también es posible que presenten una realización fónica rehecha, acaso "castellanizante".

Quien suscribe no posee los conocimientos necesarios para posicionarse entre una u otra explicación etimológica para este topónimo "aguasaliu", pero en cualquier caso no supone un obstáculo para el interés principal de este artículo, que versa sobre la relación entre este "aguasaliu" y los "güesos" que encontramos en el nombre de otro barranco de la comarca oriental asturiana, la Garganta de la Güesal, en Onís.

Garganta de la Güesal.

Y antes de seguir, tengo que realizar un paréntesis y exclamar: ¡Cuánto daño ha hecho a la cultura asturiana la reiterada castellanización de la toponimia en todos sus ámbitos!

A modo de ejemplo quiero traer a colación dos topónimos (del concejo de Llanes y sin relación con los barrancos), el nombre de dos pequeñas poblaciones: L'Agüera (de Meré) y La Llende (de Vibañu).
En el primer caso -L'Agüera- alguien que desconocía las normas de apostrofación de la lengua asturiana vio un artículo femenino completo donde no lo había, y la forma [pretendidamente] castellanizante acabó siendo "La Huera de Meré", y así aparece hoy día en la práctica totalidad de las publicaciones oficiales.
En el segundo caso -La Llende- sucedió todo lo contrario: los cartógrafos de turno vieron un inexistente artículo masculino apostrofado y el pueblo acabó convirtiéndose, en su forma pretendidamente castellanizada, en "El Allende de Vibaño". Ambas formas desvirtúan por completo el significado y el sentido que ambos nombres tienen en asturiano, que además se adecuan a la perfección a las características geográficas de esos pueblos: L'Agüera se ubica en la mecedura de dos ríos importantes, y La Llende de Vibañu se ubica en los límites de esta parroquia, siendo una de las aldeas más elevadas de la misma. Sin embargo, "La Huera" y "El Allende" poco significan y no tienen relación alguna con la orografía y entorno de estos pueblos.

Si comento estos ejemplos es porque en el caso del nombre del barranco del que quiero hablar a continuación, la Garganta del Ríu la Güesal, ha sucedido algo parecido, constando en mapas y documentación de todo tipo con la forma castellanizada "Río la Huesal". Se objetará -con razón- que en este caso el cambio ortográfico (entre las normas de la lengua castellana y la asturiana) no altera el significado del término, ni su etimología, ni -casi- su fonética.

Aquí, sin embargo, es donde voy a comenzar una nueva "conjetura etimológica", pues ¿de verdad este cambio castellanizante La Güesal > La Huesal no nos estará ocultando una pista importante en lo referido al origen de este hidrónimo?

En la Garganta del Ríu la Güesal.

Lo cierto es que el nombre del Ríu la Güesal siempre me pareció muy curioso, y de algún modo intuía que podría ocultar una otra etimología distinta de la aparentemente relacionada con los huesos/güesos. En muchos barrancos nos encontramos con huesos de animales, no tiene nada de particular. Pero precisamente por ello parece un nombre poco definitorio para designar un barranco frente a otro. Ya digo que es sólo una mera conjetura del autor, que no es filólogo.

En todo caso, ¿y si en vez de La Güesal nos enfrentásemos a un L'Agüesal < L'Aguasal? A un servidor no le parece del todo descabellado que se hubiese dado una asimilación semántica, seguramente antigua, entre ambas expresiones, quizás reforzada por la más moderna castellanización (en la forma escrita) de este topónimo.

De ser así, aqua+salia > l'aguasal > la güesal > la huesal, nos encontraríamos nuevamente ante una transformación semántica por un parecido fonético cuando una expresión deja de tener un significado evidente para los hablantes, caso semejante al de los "beyos" y les "abeyes".

El Ríu la Güesal.

¿Y por qué la forma "Aguasal" y no "Aguasaliu" como en los demás ejemplos citados? Sin duda no es lo mismo, pero me parece una vacilación que no es extraña en la lengua asturiana, y por ello creo que es poco significativa. Así, por ejemplo -y sin salirnos de esta comarca del Oriente de Asturias-, tenemos por un lado una surgencia llamada L'Aguañaz en el nacimiento del Ríu las Bolugas (El Mazucu, Llanes), pero también otra surgencia denominada L'Aguañaciu en el nacimiento del Ríu Güeña (La Robellada, Onís).

Una objeción más seria me parece la transformación y cerramiento de la A de "agua" en la E de "güesu". Este cerramiento no es raro en el final de palabras del asturiano oriental (así: "puerte", "sidre", "peñe"), pero es difícil de explicar en el caso concreto que nos ocupa, a menos que fuese sincrónico y propiciado por el cambio semántico que tranformó (si mi conjetura tiene algún sentido) L'Aguasal, un término de significado menos evidente de lo que tuvo que ser antaño (¿acaso significó "cascada"?), en La Güesal, topónimo que es más fácil de explicar para el hablante moderno, asociado a los habituales restos óseos que se hallan en este (y otros) barrancos.

Como ya he dicho, esta explicación del hidrónimo La Güesal a partir de un hipotético L'Aguasal es sólo una conjetura de quien suscribe, y sería difícil demostrar su veracidad. No obstante es posible que exista documentación antigua (medieval, o más probablemente de los siglos XVI-XVIII) que recoja formas previas de este topónimo, que quizá podrían confirmar o rechazar la posibilidad apuntada en este artículo. En todo caso sería una investigación que, a pesar de su interés, excede el planteamiento de este artículo, y probablemente la capacidad de su autor.

Así pues, concluiremos aquí esta larga entrada del blog. Espero que sea del interés de aquellos barranquistas y espeleólogos que entienden nuestra actividad como algo que va más allá de lo meramente deportivo, y que disfrutan de las distintas vertientes y facetas -naturales pero también culturales- que nos brinda este fascinante terreno de aventura que son nuestras foces y beyos.

Saludos soterraños!


miércoles, 23 de julio de 2014

De beyos y abeyas, y de güesos y aguas (parte II)

Ah.ayádevos, cueveros!

Continuamos con el tema de los "beyos" y les "abeyes" en el punto donde lo habíamos dejado el otro día: ¿Cuál es el significado de la palabra "beyu"? ¿Cuál es el origen de este término, su etimología y evolución?

Respecto al significado lo cierto es que hasta aquí lo hemos dado por supuesto, pero si acudimos al Diccionariu de la Academia de la Llingua Asturiana nos encontraremos con la siguiente definición:

beyu, el: sust. Foz, sitiu [perestrechu ente montes o peñes].

En el Beyu de Redonda (Ponga)

Y respecto a la etimología lo cierto es que la totalidad de los autores que he podido consultar derivan "beyu" de BEDUM (o BEDUS), una palabra céltica latinizada que significaría "zanja", "arroyo", y que habría evolucionado al asturiano perdiendo la -d- intervocálica y generalizando una yod antihiática, una evolución perfectamente justificable en el tránsito del latín al asturianu. Encontramos la raíz "bed-" en la forma gala reconstruida "*bedo-" (= "canal", "foso") y en lenguas celtas modernas: címbrico "bedd", córnico "bedh", bretón "béz" (= "tumba").  A su vez, este radical céltico "bed-" procede de la raíz indoeuropea "*bhedh-", con significado de "cavar".

Por tanto la palabra ha ido evolucionando desde un significado de "foso", "zanja" en las lenguas célticas, al significado de "zanja", "arroyo" en las antiguas formas latinizadas, y finalmente "cañón", "foz", "garganta" en el asturianu actual. Una evolución no carente de sentido.

Apertura del Beyu de Sorbeyu, cerca de Carangres (Ponga)

Estos términos "*bedo-", "bedum" han dejado una importante huella en la toponimia (principalmente hidrónimos) de amplias zonas de Europa, como son el norte de Italia y de España, el sur de Francia, y Suiza. Y en Asturias, como ya se dijo en la primera parte del artículo, tenemos varios "beyos" (y derivados) en la toponimia. El nombre de lugar Beyu / El Beyu, tal cual, lo encontramos en concejos como Amieva, Ponga, Cabrales, Villaviciosa, o Colunga. Por otra parte también aparece la forma Beyo (en Ayer o Quirós, por ejemplo). Y algunos derivados. Así la ya citada La Beyera en el entorno de Los Lagos (pero también reciben este nombre unos "rabiones" del Sella, y una riega del concejo de Parres). O la Riega de Beyusque, en el concejo de Colunga. O la majada de Sorbeyu (Ponga), efectivamente ubicada sobre una encajada foz. Una forma parecida a Sorbeyu la encontramos en la cascada de Sombeju (Peñamellera Baja), que aunque perteneciente a Asturias ya se encuentra en la zona de habla cántabra o montañesa. Con esta forma cántabra encontramos también Beju y Bejes, en el ámbito de los Picos perteneciente a la provincia vecina.

Y -si mi conjetura fuera correcta- deberíamos añadir también la Foz del Abeyón y el Ríu los Abeyeros, en Piloña, que habrían modificado su nombre debido a un proceso de transformación semántica que convirtió los beyos en abeyes.

Pero demos aquí punto final a este asunto, y pasemos a ocuparnos del otro tema que el título de este artículo ya anticipa:


DE GÜESOS Y AGUAS

Otro curioso topónimo relacionado con los barrancos del Oriente de Asturias (y del noreste de León) que siempre me llamó la atención -tanto por su forma como por lo reiterado de su presencia- es el de Aguasaliu / Aguasalios; tanto es así que ya hace años, cuando publiqué la guía 40 barrancos de Asturias (Ed. Desnivel), dediqué una breve nota a este tema.

Quizás los ejemplos más conocidos entre los barranquistas asturianos son el de la Cascada d'Aguasaliu (Los Beyos, Ponga), y el de las cascadas finales de la Foz del Texu (Tarañes, Ponga) que reciben la denominación tradicional de los Aguasalios.

El autor del artículo en Los Aguasalios de la Foz del Ríu'l Texu (Ponga)

Pero tenemos otros muchos ejemplos, especialmente en la vecina provincia de León. Así, por ejemplo, en el valle del Sella (Sayambre) tenemos un Aguasalios (en Sotu) y un Abasalio (en Pío). Y en la cuenca del Esla y comarcas aledañas tenemos, por ejemplo, el Valle y la Cascada de Aguasalio (Cistierna), el Aguasalio de Fuentes (Peñacorada), los Aguasalios (Vegacerneja), o los Altos de Aguasalio (Portilla de la Reina). También el Aguasalio (Aleje) y el Pico Aguasalio (Argovejo), ambos en las vertientes del Pico Moro, bien conocido por los barranquistas leoneses. Seguramente presenta idéntico origen el nombre de la Riega de Aguasayo (en Camaleño, Cantabria). Y podríamos citar unos cuantos ejemplos más.

Irisaciones en la Cascada d'Aguasaliu (Los Beyos, Ponga)

Sin duda, como dije al principio, es un topónimo bien interesante.
Añadiremos que los lugares que reciben este nombre se corresponden en su mayor parte con arroyos que forman cascadas, normalmente a la salida de una foz (caso de los Aguasalios de Tarañes o de la Cascada d'Aguasaliu en Los Beyos) o, incluso, a la salida de una cueva que actúa como surgencia kárstica (el Aguasaliu de Los Beyos, por ejemplo, nace poco más arriba de la tan citada cascada, en la Cueva de Tolos Santos).

Es quizá por esto que la sabiduría popular ha creado su propia explicación etimológica para estos hidrónimos, poniéndolos en relación con el "agua" que "sale", bien de la foz, bien de la cueva, según el caso. No carece de lógica, y quizás sea incluso la explicación más plausible y correcta.

No obstante en el ámbito académico se ha propuesto también otra etimología, a mi entender más interesante incluso.

Pero esta otra etimología, junto con la relación que personalmente encuentro entre los "aguasalios" y los "güesos" que aparecen en otro barranco de la comarca del Oriente de Asturias, lo dejaremos para una tercera (y última parte) de este artículo, pues este post ya se ha alargado más de lo prudencial.

Saludos soterraños!

viernes, 18 de julio de 2014

De beyos y abeyas, y de güesos y aguas (parte I)

Ah.ayádevos, cueveros,

La toponimia es sin duda un campo de estudio especialmente interesante, y en cierto sentido la toponimia de los ríos (y por ende de los cañones y barrancos) lo es, si cabe, aún más, pues refleja en muchas ocasiones términos realmente antiguos, pequeños restos de lenguas ya caducas y olvidadas. No en vano los ríos son uno de los elementos orográficos más importantes y sus nombres perviven desde antiguo.

Son muy conocidas las redundancias en el nombre de los ríos según unas lenguas se ven sustituidas en un territorio por otros nuevos idiomas. En España tenemos numerosos ejemplos, así: el Río Flumen (flumen = río, en latín) o el Río Ara, en Aragón. O más aún, el Río Guadiana, = Río Ouad Anas (río-río-río, castellano-árabe-íbero). [Sobre este tema podemos encontrar buenos ejemplos en la guía de J.A. Ortega y M.A. Cebrián, "50 barrancos del Pirineo. Los descensos más bellos", que dedica un breve e interesante capítulo a "El nombre de los ríos"]

En Asturias también tenemos ejemplos de nombres de ríos cuyo étimo significa, en lenguas prerromanas y puede que incluso preindoeuropeas, precisamente eso, río o curso de aguas, lo que da lugar a topónimos en cierto modo redundantes. Así, el Ríu Sella, palabra que procede del término prerromano salia (por tanto, etimológicamente sería más "Seya" que "Sella"); el mismo origen se encuentra, por ejemplo, en el nombre de los ríos cántabros Saja y Besaya. Otro caso notable es el del Ríu Ibias, hidrónimo seguramente relacionado con el euskera "ibai" (= río). Y quizá menos conocido -aunque no menos interesante- es el caso de la raíz onga/oña/güeña (muy probablemente de origen celta), que con el significado de "río" aparece en numerosísimos hidrónimos asturianos: Güeña, Pigüeña, Estragüeña, Piloña, Ponga, Triongu, Isongu, Cuadonga, Veigadonga, etc.

Pero el post se titula "De beyos y abeyas, y de güesos y aguas", y demostrado ya que el tema de la toponimia de los ríos es bien interesante, paso a centrarme en la cuestión que quería exponer. Antes, sin embargo, he de decir que ni soy filólogo ni tengo conocimientos profundos de toponimia, aunque algo haya leído a lo largo de los años sobre este tema. En todo caso, lo que viene a continuación no es sino una conjetura de quien suscribe.


DE BEYOS Y ABEYAS

Me ha sorprendido -desde que conocí esta zona- la referencia a las abejas (abeyes) en el topónimo de dos barrancos de Piloña, muy próximos entre sí además. Por un lado la Foz del Abeyón (barranco del que hablamos recientemente en este blog), y por otro lado el Ríu los Abeyeros. Sé del uso de los barrancos en la apicultura tradicional de algunas zonas peninsulares (y de otras geografías), pero no he encontrado referencias de ello en Asturias, donde se preferían otras ubicaciones para los "truébanos" de las colmenas. Y eso es realmente lo curioso.

El caso es que dándole vueltas al tema, y reflexionando sobre el hecho de que los hablantes acaban en numerosas ocasiones por reinterpretar y adaptar a la nueva lengua los términos cuya auténtica etimología ya se ha desvanecido del acervo popular, creo que la conclusión correcta sería poner el nombre de estos barrancos de la Alta Piloña en relación con la palabra "beyu", ampliamente reprensentada en la toponimia de otras zonas cercanas como es el ámbito del Alto Sella, y término bien conocido por todos los barranquistas de esta región (seguro que muchos de quienes lean este post habrán descendido el Beyu Viarcellos, o el Beyu la Escosal, o el Beyu Trespuniellos... y sin duda habrán disfrutado de la carretera de Los Beyos y su indescriptible y feraz paisaje).

El Beyu Trespuniellos, uno de los muchos del Desfiladeru Los Beyos

De estar en lo cierto, el nombre de la Foz del Abeyón (del "abejorro") originalmente habría sido la Foz del Beyón, nombre que es tautológico, sí, pero no carente de sentido (y menos considerado desde la lógica de la evolución de los hidrónimos de la que hablé al comienzo del post). De hecho esta foz es la de más difícil tránsito (desde el punto de vista de la mentalidad tradicional) de toda la cuenca del Ríu l'Infiernu, generosa en lo que a foces se refiere, por lo que el aumentativo de "beyón" no parece del todo desacertado, siendo el de más dificil paso de entre los distintos "beyos" de esta zona.

En la Foz del Abeyón

He de reconocer, no obstante, que en la actualidad la palabra "beyu", tal cual, no tiene uso en esta comarca de la Alta Piloña. No tengo claro si esto contradice mi conjetura, o si más bien la refuerza, ya que como se ha dicho, los hablantes tienden a reinterpretar en la nueva lengua los términos, ya sin significado evidente, de la antigua. Así mismo, he de reconocer que no conozco ningún otro "beyón" en la toponimia de la región; todos los "beyos" aparecen sin este aumentativo, aunque sí aparecen otros derivados de "beyu", como se verá después.

Siguiendo idéntica lógica habríamos de interpretar el Ríu los Abeyeros como el Ríu los Beyeros, con el añadido de un sufijo que nos indica una pluralidad [de beyos]. Podrá parecer que estoy llevando la conjetura demasiado lejos, pero el caso es que tenemos un ejemplo semejante en la cuenca del Dobra, la H.oce de la Beyera (o del Ríu la Beyera, o del Osu), que forma la cabecera del Ríu Pelabarda. En este caso el término aparece en femenino, pero dado que casi todas las formas derivadas de "beyu" son masculinas, no parece descabellado que se hubiese dado una forma del tipo "beyeru/beyeros".

El Ríu los Abeyeros

Además la configuración del barranco del Ríu los Abeyeros, una escalera de cascadas con sucesivos modestos estrechamientos del cauce, parece adecuarse a la perfección a esta pluraridad [de beyos] que nos indica el nombre desde esta interpretación. Sin embargo, he de confesar que el Ríu los Abeyeros se excava en cuarcitas, y esto me parece un serio escollo a esta conjetura toponímica mía, pues lo cierto es que el término "beyu" se aplica casi en exclusiva a barrancos y cañones en roca caliza. Unos y otros barrancos (en caliza y en cuarcita) tienen morfologías en general muy distintas, y este es un detalle que tampoco suele escapar a la lógica de la toponimia tradicional (aunque ciertamente existe algún beyu que no se desarrolla íntegramente en calcáreo, por ejemplo, el Beyu de Redonda o el Beyu'l Carmeneru).

Por otra parte hay que señalar que en asturiano no es raro el añadido de un prefijo "a-" sin variar el significado de la palabra, algo que es bien conocido (topar/atopar, cutar/acutar, pegar/apegar, fuxir/afuxir, etc.). Quizás esto pudo propiciar la transformación del "beyu" (beyón, beyeros), una palabra de una lengua perdida y ya sin significado obvio para los hablantes, en "abeya" (abeyón, abeyeros), una palabra común para designar al bien conocido insecto, la abeja.

Seguramente el lector que haya llegado hasta aquí se estará preguntando: ¿pero, entonces, qué es realmente un "beyu"? ¿cuál es el origen y el significado de esta palabra? Sin duda será necesario aclararlo para que quien lea esta conjetura mía pueda mostrarse de acuerdo o en desacuerdo con ella. Pero eso lo dejaremos para una segunda parte de este artículo, que este post ya se ha alargado más de lo aconsejable.

Saludos soterraños!

viernes, 11 de julio de 2014

El Ríu la Güesal (intento fallido y a la carrera)

Ah.ayádevos, cueveros!
Un día de estos nos fuimos Victoria y el menda, después de trabajar y contrarreloj, a descender la Garganta del Ríu la Güesal, un barranco que nos queda al pie del curro. Victoria nunca lo había bajado, y yo hace bastante tiempo (y como pude comprobar no me acordaba de nada). Pero el intento fue fallido... Sólo teníamos un par de horas de luz y no nos dio para completar el descenso, optando por salirnos por el escape bajo la Cueva la Soterraña, más o menos a mitad de recorrido. Ya caerá entero en otra ocasión...

El Ríu Violéu, afluente por el que accedimos a La Güesal

Entrando a La Güesal


Primeros resaltes y marmitas

El modesto primer rápel

Cabecera del segundo rápel

Y el sol poniéndose sobre el tramo que dejamos para mejor ocasión


jueves, 3 de julio de 2014

Una de barrancos olvidados: La Foz del Abeyón

Ah.ayádevos, cueveros!

Hace unos pocos días Julio y el menda nos embarcamos en una nueva aventurilla barranquista, en el conceyu de Piloña en esta ocasión. Nuestro objetivo era la Foz del Abeyón y el Ríu de Cuendia, en la cuenca del Ríu l'Infiernu o Espinaréu, un cañón que, según me indicaron en su día en L'Infiestu, fue abierto en los años noventa por miembros del Grupo de Montaña Vízcares. Decir por adelantado que esta era toda la información de la que disponíamos: que ya había sido descendido. Nada sabíamos de su configuración, del número y longitud de sus rápeles, o del carácter y estado de las instalaciones. Íbamos, por tanto, a la aventura, y con material como para equipar un barranco de cierta longitud, pues por el mapa habíamos calculado 2 km de recorrido por el cauce, con 200 m. de desnivel.

Quedamos en Les Arriondes, y con ambos coches nos dirigimos a Piloña, pasando por L'Infiestu y Espinaréu, para dejar el primer vehículo en Puente Miera, a la entrada del área recreativa de La Pesanca. Con el otro coche deshicimos el camino hasta Rifabar, localidad a cuya salida cogimos el desvío para Lligüeria, donde dejaríamos el segundo coche, justo antes de la primera casa del pueblo. Hay que decir que la actividad puede plantearse perfectamente también con un sólo coche, estacionándolo en Rifabar (consultar mapas), pero nos procurábamos así algo más de tiempo y nos ahorrábamos esfuerzo.

Ya pertrechados nos damos cuenta de que hemos dejado las cámaras de fotos en el otro coche. A punto estuvimos de volver a bajar hasta La Pesanca, pero íbamos ya por encima del horario previsto y finalmente nos fuimos para el barranco sin las cámaras, lo que lamentamos a lo largo de todo el día. Nos consolábamos pensando que al menos alguna foto podríamos hacer con el móvil que iba en el bidón (aunque poco fue lo que duró la batería y pocas serán las imágenes que ilustren este post). Echamos a andar por un sendero que sale a la derecha de la carretera y en ascenso, justo enfrente de donde aparcamos el coche (donde hay un curioso cartel de "Biembenidos a Ligüeria"). Este camino entronca al poco con otro mayor, casi una pista, por el que continuamos ascendiendo hasta alcanzar un collado desde el que damos vista a la aldea de L'Omedal y a su valle. El camino aquí gira a la izquierda y continua en pronunciado ascenso, primero por la loma divisoria entre ambos valles y más tarde por la falda que cae hacia Lligüeria, al amparo de la Sierra de la Xiblaniella (o de la Silvaniella, depende de las fuentes). Tras algo más de media hora de ascenso (250 m de desnivel) por camino sin pérdida, alcanzamos el Colláu Ciébana, entre la sierra antedicha y el Picu'l Castiellu, donde el camino devola hacia el valle del Ríu de Cuendia.

Vistas desde Ciébana hacia la Sierra d'Aves. En primer término se intuye la tajadura de la Foz del Abeyón, y detrás la de les Foces del Infiernu.

Vistas desde Ciébana hacia el Valle del Pedregal

En Ciébana nos detuvimos un buen rato, ya que las amplias vistas lo merecen, y descansamos lo que tuvimos a bien antes de emprender el descenso por la otra vertiente. Como en tantos rincones de Asturias nos encontramos en la bajada con prados comidos por los jelechos y cuadras y cabañas que fueron buenas y ya no lo son tanto; una pena. Descendimos por buen camino al principio, que se iba perdiendo después en las zonas boscosas, y sin complicaciones llegamos a la más baja de estas antiguas invernales, La Pontiga. Aquí decidimos no bajar directamente al cauce, sino bajar en diagonal para alcanzar el río aguas arriba de la entrada al barranco, donde el Ríu de Cuendia se forma de la unión de los arroyos que bajan del Valle del Pedregal, y de El Potral. Más arriba ya entraríamos en tierras del concejo de Caso y del Parque Natural de Redes, territorio vetado para los probinos barranquistas (más allá hay dragones, tendría que poner en nuestros mapas).

En este punto, donde el Ríu de Cuendia toma su nombre, nos calzamos los neoprenos y nos metimos al cauce, aunque ya sabíamos que en este tramo el río no tenía mayor interés deportivo. Sí que hay algún resalte y algunas zonas bonitas, no obstante. Primero discurrimos por caliza, y después por materiales pizarrosos, y no es hasta 400 m más abajo del punto donde nosotros empezamos, que comienzan las dificultades deportivas. Aquí nos encontramos una cascada que equipamos para rápel a un árbol, aunque a la postre nos dimos cuenta de que podíamos haberla realizado como un vertiginoso tobogán casi vertical de 7 m. Poco más abajo de esta cascada cruza el río una pontiga (la que da nombre a las cabañas); a este lugar hubiéramos llegado de haber bajado por el camino principal, y es el acceso que recomiendo a quien quiera repetir este barranco (remontando un poco, eso sí, para hacer el buen tobogán que acabo de mencionar). De inmediato, aguas abajo del puente, nos encontramos otra cascada de pocos metros que también equipamos para rápel a un árbol, con cordino y anilla. Sin embargo por un trecho no hay más dificultades que unos pocos resaltes, aunque poco a poco se van adivinando entre el arbolado los crestones calizos que dan inicio a lo que propiamente es la Foz del Abeyón. Hasta aquí hemos discurrido por un valle boscoso, profundo pero abierto y sin paredes, y hemos recibido el aporte de algunas riegas afluentes.

Cabecera del R1, de 13 m.

El R1, que se puede hacer como tobogán.

Llegamos finalmente al calcáreo, y el valle profundo se convierte en garganta cerrada. Después de un giro en planta el caudal se sume, y tras unas decenas de metros y un resalte, resurge por la derecha en una vistosa cueva. Aquí el cauce gira de nuevo y se encañona definitivamente formando un profundo y sombrío tajo entre paredes pulidas de caliza oscura. Por fin hemos llegado a la Foz del Abeyón, este barranco casi desconocido, y la pinta que le vemos desde aquí es mucho mejor de lo que nos habíamos supuesto estudiando los mapas y el terreno. Progresamos por el pasillo y alcanzamos al poco una pequeña cascada, imposible de destrepar. Buscamos la instalación, pero no encontramos nada. Son anclajes antiguos, nos decimos, quizá estén tomados por el mofu... pero nada, no encontramos a qué anclar la cuerda. A ver si va a estar sin abrir, nos preguntamos. Finalmene metemos un largo pitón en una grieta y le dotamos de maillón; de él rapelamos.

Cueva por la que resurge el caudal previamente sumido, y que marca el comienzo del sector mejor configurado del descenso.

Continuamos por el encajado cañón, muy estético y sin escapes ni resguardos, aunque con pocas dificultades. Nos encontramos otra cascada... y aquí sí que hay instalación: un vieja clavija con unos cordinos comidos por el verdín y que se mimetizan con los tapices de musgo. Queda claro que no somos los primeros en descender por aquí, pero queda igualmente claro que el barranco ha sido repetido muy pocas veces, si es que se repitió alguna. Comprobamos la clavija, le metemos un maillón, y rapelamos de este único anclaje. De seguido encontramos un sector en el que el pasillo está ocupado por un molesto caos de troncos y ramas (la jaya que allí cayó no era pequeña, no...). Superado este obstáculo alcanzamos, bajo una balma o sotecha, el siguiente rápel, también de pequeña entidad y donde encontramos una antigua instalación a un puente de roca. La renovamos con cordino y anilla y proseguimos por el cañón, que poco a poco va abriéndose nuevamente con configuración de garganta amplia y profunda. Encontramos más resaltes y algún pequeño salto, y al trecho abandonamos el calcáreo y entramos en las cuarcitas, que nos acompañarán hasta el final del descenso.

En este último tramo en cuarcitas el Ríu de Cuendia aumenta algo su caudal merced a dos pequeños afluentes, por derecha e izquierda, y se configura como el típico cañón en cuarcitas con sufciente caudal pero poco desnivel, a saber, algunos toboganes, algunas marmitas que permiten saltos, y unos pocos resaltes destrepables, aliñado todo ello por tramos sin dificultades ni interés y por una roca endiabladamente resbaladiza. En este tramo final del Ríu de Cuendia nos encontramos otros dos rápeles: el primero ya estaba equipado con una vieja chapa (curiosamente a un espit M10), a la que dotamos de maillón pero no reforzamos; en el último, sin embargo, no encontramos instalación, y metimos nuevamente una única clavija.

Recorrido medio kilómetro por las cuarcitas desde que saliéramos de la Foz del Abeyón propiamente dicha, llegamos finalmente a Puente Miera, donde el Cuendia tributa sus caudales al Ríu l'Infiernu, y donde nos esperaba el coche. Tengo que comentar aquí, para quien quiera repetir el descenso, que es mejor abandonar el cauce unos 300 m atrás y tomar un camino que sale por la derecha, después de un tobogán-resalte de destrepe delicado, y que igualmente nos conduciría a Puente Miera, ahorrándonos un trecho de río sin interés.
Dimos fin así a la actividad, en la que empleamos unas seis horas. Y como valoración personal diré que salimos bastante satisfechos, tanto con el barranco en sí (mucho mejor configurado de lo que esperábamos) como con las sensaciones de movernos en un terreno de aventura. La Foz del Abeyón no se convertirá en un clásico, este descenso no da para tanto y le falta continuidad, pero su tramo central es uno de los barrancos más estéticos y bien trabajados por el agua que hemos visitado en la cuenca del Piloña, y nos alegramos de poder "rescatarlo" por medio de este post. Yo al menos sé que lo repetiré allá para el otoño, aunque sólo sea por sacar esas fotos con las que no hemos podido ilustrar adecuadamente esta crónica.

A modo de resumen, y para quien se anime a repetir el descenso:
Salen 7 rápeles, el mayor de 13 m (el primero, que no es obligado y es "toboganeable"); de estos, dos en el tramo inicial pizarroso, tres en la foz en caliza, y otros dos en el tramo final en cuarcitas. Advertir que, en general, la instalación es bastante precaria y se hace obligado reforzarla con un segundo anclaje por cabecera. Pero advertir también que esperamos que nadie se "sobrepase" con la instalación, ya que sería una pena que perdiera el carácter que tiene (es éste un debate habitual en el seno del colectivo barranquista que tampoco pretendo reproducir aquí). Por otro lado mencionar que algunos de los resaltes que nosotros destrepamos, o saltamos apuradamente, quizá con más caudal no sean salvables si no es mediante rápel.

Igualmente creo necesario advertir que el tramo de la Foz del Abeyón es sencillo con el caudal que nosotros encontramos, pero que con el doble de caudal la cosa iba a estar realmente complicada y apurada, especialmente en el R3 y el R4 (también en el R6, ya en la cuarcita). Sinceramente pienso que el barranco sólo es abordable (al menos con la actual instalación) con un caudal bajo, quizás de mayo a octubre. Atención también a la meteo; ya quedó dicho que el tramo de la foz no tiene escapes ni resguardos, y las muestras de grandes crecidas que tenemos dentro del cañón son acongojantes. Por otra parte, y aunque no es excesivamente acuático, sí que presenta marmitas y badinas profundas, y es de aguas frías, por lo que el neopreno completo es obligado.

Y por último, los tiempos. Con dos coches, y entrando por la pontiga y saliendo por el lugar indicado: Acceso 1 hora 15 min. Descenso 3 horas o poco más. Regreso inmediato.

Saludos soterraños y -esta vez- un poco anfibios.