viernes, 28 de agosto de 2009

Entrecuevas II

Saludos,
Esta semana he realizado otro par de visitas a la zona de Entrecuevas:

27/8/09, 22:54 h. No es una hora muy normal para entrar en una cueva, pero debe tener razón mi madre, tamos más que tochos... Aunque aquí jarreó agua todo el día, afortunadamente la lluvia me respetó lo suficiente para llegar seco a la boca RS-27 (Entrecuevas II), donde preparé los bártulos de topo. Una hora y media después había topografiado todo el enrejado de gateras entre las bocas RS-27, RS-25 y RS-31. Tenía intención de seguir con la poligonal hasta la RS-26 para enlazar interiormente todas las bocas del sistema, pero era ya bastante tarde así que di la vuelta para el coche. Esta vez no hubo bocana y llegué al coche pingando. Resultado de la jornada: topo de Entrecuevas II = 51 m. muy arrastrados; explorado aprox. 170 m.



28/8/09: A una hora sólo un poquitín más razonable (20:58 h.)estoy aparcando el coche en las Mañangas de Porrúa. Llueve de continuo, y nada más bajar del coche el bramido del ríu la Bola saluda mis oídos. Me pertrecho y cojo además los bastones de trekking, pues presiento que vadear el río va a tener su gracia. Finalmente está crecido pero no tanto. Cruzo el cauce y al poco me encuentro la surgencia temporal RS-17 que en esta ocasión echa agua asgaya; nunca la había visto así. Poco más allá me acerco a la RS-18 (Entrecuevas III), donde la gatera impenetrable proveniente del meandro de entrada de la RS-23 echa un hilo generoso de agua. Mi objetivo sin embargo era continuar con la topo de Entrecuevas II, así que hacia allí me dirijo bajo la lluvia y peleando con la maleza, llevándome la sorpresa de encontrar otra surgencia temporal al pie de una pedrera, que no teníamos fichada y que echa agua abundante. Nada más entrar en Entrecuevas II por la RS-25 me saluda el estrépito de otro río, subterráneo e inesperado. Ya los espeleólogos británicos del Oxford University C.C. mencionan en su breve reseña de esta cueva que se oye un río que no se llega a ver, fenómeno también observado por nosotros en otras ocasiones. Pero hoy el rugido del agua impresionaba de verdad. Posponiendo por el momento lo de la topo me cuelo por el paso que conduce hacia la RS-26 y la galería principal. Me asomo al paso inferior pero está impracticable, cubierto por un río espumoso, por lo que tengo que progresar por el paso superior, que me deja en el punto donde la rampa procedente de la RS-26 se une con la galería principal. En cuanto asomo la cabeza empiezo a flipar. La galería principal -de techo bajo en este tramo, y más adelante desarrollada como un meandro elevado- lleva un río en toda regla. El pequeño resalte (aprox. 0,8 m.) que hay al inicio de esta galería forma una cascada bastante maja, y la pocita de recepción está agitada de espuma. Asomo la cabeza pero decido que no es plan de explorar aguas arriba. Una cosa es enredar uno solo en una cueva pequeña, sencilla, horizontal y cerca de casa; y otra muy distinta enredar uno solo en una cueva con un río en carga. Prudentia virtus maxima dice el adagio latino; y esta vez le hicimos caso. Me echo un pitillo cara a la cascada mientras lanzo cagamentos por olvidar una vez más la cámara de fotos; me da la impresión de que en escasos quince minutos el caudal ha aumentado. Bien, hora de la retirada. De la que regresaba al coche entré una vez más en Entrecuevas III (por la RS-23), a asomarme sólamente hasta el meandro de entrada para vez si también estaba en carga. Sin embargo aquí el caudal era el habitual: uno hilo de agua de gour en gour hasta perderse por la gatera impenetrable que se dirige a la RS-18. Finalmente no topografié nada pero la salida fue de lo más instructiva, pudiendo observar el funcionamiento hídrico de este sector del karst en régimen de aguas altas.

Parece confirmarse lo que ya suponíamos. En estiaje el ríu la Bola (epígeo) cede su caudal al río subterráneo de Entrecuevas (hipógeo, circulando a una cota de aprox. -8 m. respecta al río exterior) por distintas pérdidas, localizadas sobre todo en la zona de la única cascada que presenta el ríu la Bola, que es a la vez el único lugar donde el ríu la Bola discurre directamente sobre roca caliza y no sobre sus propios depósitos (aluviones de arenas y cantos cuarcíticos). En régimen de aguas altas sin embargo el funcionamiento hidrológico es el inverso: las cavidades del sector de Entrecuevas actúan como exurgencias por las que el río hipógeo cede parte de su caudal al río exterior, debido a un rápido sifonamiento de los conductos kársticos de la zona de fluctuación o epifreática. De este modo las cavidades de la zona de Entrecuevas, que en otro tiempo actuaron como sumideros, actúan en la actualidad como trop-plein cuando el acuífero entra en carga.
Por otra parte señalar la rápida respuesta tanto del río exterior como del hipógeo a las lluvias, previsible por otra parte si tenemos en cuenta que la mayor parte de la cabecera del valle de la Bola está excavado sobre cuarcita, roca impermeable, y que además mantiene muy poca vegetación.
Las expectativas para el sector de Entrecuevas siguen siendo altas. Una vez unidas Entrecuevas I y III, la proximidad con Entrecuevas II nos hace mantener la ilusión de poder llegar a unirlas, ya que aún se mantienen zonas sin explorar, principalmente estrecheces y escaladas. Debajo podéis ver la relación entre la topografía de una y otra cavidad, aunque en zonas ya exploradas pero no topografiadas creemos que aún se aproximan más.



Por último mencionar a propósito de la fauna cavernaria que en la zona de entrada de la RS-23 (hasta la colada) son muy abundantes una especie de opiliones, grandes, de cuerpo negro, presentes también en menor medida en Entrecuevas I. También en la RS-23 hemos visto hasta tres sacaberas (salamandras) escapando del calor diurno. Y en la RS-25 siempre que vamos nos encontramos con algún esperteyu.

Seguiremos informando desde las Mañangas de Porrúa...