sábado, 6 de diciembre de 2014

Cinco escariegos en Madeira (4ª parte)

Proseguimos con la crónica del viaje...


18 DE NOVIEMBRE

Hoy es el cumpleaños de Julio, y vamos a celebrarlo... ¡barranqueando!
Nuevamente madrugamos, pues aunque el barranco que vamos a hacer hoy no es demasiado largo, lo cierto es que nos pilla bastante lejos de nuestra base de operaciones en Seixal. El Ribeiro Frio, tramo superior, en la zona de Poiso.

Tras desayunar emprendemos el largo camino en coche: atravesar la isla hasta Ribeira Brava, después por la autopista de la costa sur hasta Funchal, y desde Funchal en ascenso hasta el puerto de montaña de Poiso, en cuyo descenso por la vertiente norte se ubica el Ribeiro Frio. Nos llevó hora y media.

Camino de Ribeiro Frio.

Una vez equipados, el acceso a la cabecera del barranco es casi inmediato, y como ya nos esperábamos presenta poco caudal; si está así con todo lo que ha llovido, ¡cómo estará en verano! Hay una niebla densa y llueve, sin mucha intensidad pero sin pausa.

Equipándonos para el descenso.

El cañón se inicia con una bonita cascada de 45 m., la mayor del descenso, con un fraccionamiento atlético, situado muy alto. En su base una poza de gran ambiente. A partir de aquí se suceden los pasillos estrechos y bien configurados, con algunos saltos y algunos pequeños rápeles entre tramos de marcha. Mucho más bonito y lúdico de lo que nos habíamos imaginado. Paisajes de ensueño al combinarse la densa niebla y la lujuriosa vegetación, con algunos 'loureiros' (laureles) y 'urzes' (brezos) de majestuoso porte. La temperatura del agua, por cierto, hacía honor al nombre del cañón.










Victoria no se encuentra demasiado bien, y junto a un servidor decidimos salirnos por un escape fácil a medio descenso, una pista que conduce hasta la carretera. Zaida, Julio y Río prosiguen con el descenso del barranco, con algún rápel y algún salto más en un ambiente similar al del primer tramo, secándose hacia el final.




Más fotos de este descenso en el blog 'Foces y Beyos' pinchando aquí.

Y unos vídeos del barranco (en bruto, sin editar):

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Los que nos salimos del barranco subimos a por el coche y, ya cambiados y con el vehículo, bajamos a la piscifactoría y puesto forestal de Ribeiro Frio, donde se ubica la salida del descenso deportivo del tramo superior.

La cascada grande desde la carretera.

Regresando a por el coche.

La verdad es que no llegamos a vernos en la salida, y los que ya estábamos secos nos los encontramos finalmente sentados en la terraza de un bar, bajo la lluvia y con neopreno, arnés y casco, y con una 'coral' en la mano. ¡Al fin y al cabo un cumpleaños es un cumpleaños! Una turista alemana se partía con nosotros.


Brindando bajo la lluvia, junto al puesto forestal de Ribeiro Frio.

Decidimos comer en el propio pueblo de Ribeiro Frio, medio kilómetro más abajo del puesto forestal. Y comimos de lujo, la mayoría pulpo al horno y una espetada cinco estrellas. El cumpleañero tuvo a bien invitarnos a esta comida, probablemente la mejor que degustamos en Madeira (a excepción, of course, de las elaborados por él mismo, chef oficial del viaje).


Comilona cumpleañera.

Por la tarde regresamos por carreteras secundarias de la costa norte, a través de Faial, Santana, São Jorge y Ponta Delgada. Teníamos intención de acercarnos a mirar las características de otro de los barrancos que traíamos en mente como posible apertura, pero se nos hizo tarde y no cuadró. Las lluvias de los últimos días hacían brotar cascadas por todos lados, en medio de un paisaje arrebatador. Largo viaje por carreteras estrechas y de numerosísimas curvas, ¡nada que intimide a unos asturianos!

Finalizamos la jornada de retirada en Seixal, baranjando posibilidades para el día siguiente... Teníamos permiso para Ribeira das Cales por la mañana y para Ribeira da Pedra Branca por la tarde; el primero en la zona sur y sin complicaciones por caudal (pero poco interesante, y que requería además de otro permiso del Parque Ecológico do Funchal que no habíamos solicitado), el segundo cerca de Seixal, corto y con el caudal fácilmente evaluable (barranco que ya habíamos dejado de hacer el primer día en la isla y para el que solicitamos un segundo permiso). Pero independientemente de los permisos, si queríamos atacar la Ribeira das Fontes deberíamos hacerlo al día siguiente, pues se nos acababan los días en Madeira. Nos fuimos para la cama sin tomar una decisión al respecto. Durante toda la noche llovió con fuerza.


19 DE NOVIEMBRE

Nos levantamos temprano, como de costumbre, y celebramos consejo mientras desayunamos, decidiendo finalmente ir hasta Pomar da Rocha y hacer lo que se pudiera en la Ribeira das Fontes. Cargamos pues el material de equipar en las sacas junto con los aperos habituales. Y como ya es costumbre realizamos un segundo desayuno en São Vicente.

Después cogemos ruta y nos plantamos en Pomar da Rocha. De camino, comprobamos desde Meia Légua que nuestro barranco ha incrementado algo su caudal.


Las Fontes con más caudal que en días anteriores.

En el pueblo nos pertrechamos. Todos menos Victoria, que sigue regular y decide quedarse y hacer fotos desde fuera. A la postre acabaría siendo la relaciones públicas con los paisanos del pueblo, que incluso la invitaron a aguardiente casero y le narraron numerosas anécdotas sobre el cañón (entre ellas la desgraciada historia de una casa arrastrada durante un argayo en una crecida, con los seis miembros de la familia dentro).

En Pomar da Rocha, ya equipados.

Los cuatro restantes nos dirigimos a la cabecera del cañón. Sigue lloviendo sin pausa. La primera dificultad ya en el cauce es la cascada que habíamos creído de 35 m. y que en realidad sería más bien de 40-45 m. Nos ponemos a equipar la cabecera de pasamanos y ¡primer problema: falla el taladro! Completamente inoperativo, y curiosamente no falla el que habíamos reparado con una ñapa, sino el otro. Instalada con el otro taladro la cabecera del pasamanos nos encontramos con un segundo problema: toda la roca de la cabecera de la cascada está muy descompuesta. El único lugar idóneo, de roca sana, está bajo una cortina de agua. De poca importancia, bien es cierto, pero no queremos arriesgarnos a joder el otro taladro. Con las orejas gachas nos retiramos de la cabecera sin descender la cascada, y llegamos a su base por otro de los senderos prospectados dos días atrás.

Camino de aproximación.


Cabecera de la primera cascada.

Por debajo de esta primera cascada el cauce presenta algún resalte y vegetación algo molesta antes de una segunda cascada de poca entidad. Montamos pasamanos a un árbol y cabecera con dos parabolts.


Segunda cascada.

Otro tramo horizontal con algún resalte y llegamos a la cabecera de la cascada grande que habíamos observado desde el pueblo. Por debajo de este punto el cañón ya no presenta escapes, así que de proseguir deberemos ir instalando en fijo. A todo esto mencionar que somos el espectáculo del día en Pomar da Rocha y que numerosos vecinos observan desde el pueblo nuestras evoluciones por el barranco -y Victoria con ellos- aun a pesar de la lluvia.

Cabecera de la tercera cascada.

Instalamos pues la cuerda en fijo a dos árboles. Bajo yo en primer lugar. La cascada presenta un largo tramo arrampado y después se desploma en un segundo tramo vertical. El labio de este segundo salto está formado por un estrato de basalto con roca sana, y en él monto un fraccionamiento con dos parabolts y continúo para abajo. La cascada a la que echábamos 50 m. se ha comido 65 m. de cuerda. Hago señas a los de arriba y echo una ojeada.






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El barranco prosigue en un pasillo o gorguita sobre roca 'cerro' muy poco consistente (y muy roja), con grandes troncos ocupándolo. Bajé dos toboganes y no lo vi claro, así que vuelvo a la base de la cascada y hago señas. Baja Río con más cuerda.
Una vez los dos abajo continuamos superando el caos de troncos y otros dos pequeños toboganes. Nos detiene otro tobogán o resalte, que requiere cuerda. Aseguro la cuerda a mi cuerpo y desciende Río, que avanza por el pasillito. Se encuentra otro tobogán, de más envergadura (rápel estimado de 20 m.), que no es destrepable y que no presenta roca sana donde anclar... Más allá el cañón da un giro brusco hacia la derecha, por lo que poco más se puede observar de su curso, salvo que se encaja decididamente.


Pasillo en roca 'cerro', que no terminamos de superar.

Nuestros temores se hacen realidad: nos hemos topado con roca 'cerro' de la peor calidad, tan poco consistente que tallar en ella escalones con la maza no requeriría gran esfuerzo. Aunque Julio o Zaida podrían bajarnos algunos pitones, coincidimos en que no tiene sentido continuar en las condiciones presentes y emprendemos el regreso. Subo yo primero con una saca, y Río detrás con la otra desinstalando. Para no dar lugar a errores fatales y que nadie se meta en un marrón, decidimos desequipar por completo lo instalado, dejando solamente los vástagos de los parabolts.

Por el último escape salimos al camino de acceso, y por él al pueblo. Comentamos la jugada con Victoria mientras sigue lloviendo.

Arcoiris sobre el valle de Ribeira Brava.

Una vez recogido el equipo bajamos hasta Ribeira Brava, donde picamos algo en una cafetería atendida por una chica muy maja, con la que estamos un rato de charleta. Después hacemos algo de compra y nos retiramos para Seixal, donde lavaremos el material por última vez. Al día siguiente, el último en Madeira, no vamos a barranquear: hay que recoger y dejar que todo seque.
Quedamos con Duarte para comer juntos al día siguiente.


20 DE NOVIEMBRE

Como se ha dicho es nuestro último día en la isla y debemos dejar que todo el material seque convenientemente para no pasarnos de peso en los aviones.

Nos levantamos tarde y cada cual va preparando con calma el regreso. Llueve con fuerza.
Duarte llega a la casa al mediodía, como habíamos convenido. Tomamos un par de cervezas y comentamos con él los descensos que hemos realizado. Después nos vamos a comer cerca de Ponta Delgada: pulpo de nuevo, pero frito en esta ocasión (de los postres recuerdo una mouse de maracuyá que estaba brutal).

No nos despedimos de Duarte en el restaurante, no obstante, sino que nos encaminamos a Chão da Ribeira para tomar juntos una 'poncha' (bebida tradicional madeirense) elaborada, a decir de Duarte, como es debido. Realmente muy buena. Brindamos por un próximo reencuentro, esta vez en Asturias.
Nos despedimos finalmente de Duarte -y también del fantástico lugar de Chão da Ribeira, donde tantos cañones confluyen envueltos en la laurisilva- y regresamos a Seixal. Allí holgazaneamos, comentamos los días pasados en la isla y hacemos planes para el futuro. Algunos hasta se animan a dar una última vuelta en coche por la isla y jugar un último billar.

Brindando con 'poncha' en Chão da Ribeira.

Cascada Água d'Alto.


El aracoiris despide nuestro paso por Madeira.


21 DE NOVIEMBRE

Madrugamos mucho y preparamos las maletas, repartiendo bien el peso, al tiempo que le damos un repaso a la casa. Desayunamos y afrontamos una tarea complicada: meternos todos nosotros y las maletas en el coche. Después de jugar al tetris con las maletas y petates por un tiempo, lo conseguimos, no sin padecer de incomodidades varias en el trayecto.

Como sardinas en lata.

Emprendemos ruta hasta Funchal y el aeropuerto, donde devolvemos el coche de alquiler. Comemos algo en el aeropuerto a modo de segundo desayuno y poco después volamos hacia Lisboa. En Lisboa tuvimos que esperar un poco por retraso del vuelo a Madrid, a donde finalmente llegaríamos sin mayores inconvenientes algo más tarde de lo previsto.


Aeropuerto de Madeira.

Hasta Madrid había bajado a recogernos Saúl, y también, por sorpresa Nidia. Julio subió con Nidia, y el resto con Saúl. A los primeros se les averió el coche subiendo a Asturias, y terminaron su periplo en taxi. Los demás llegamos sin mayor molestia que la niebla entre Burgos y Aguilar. Hacia las tres de la mañana unos y otros llegábamos a casa, dando punto y final, ahora sí, a nuestra aventura madeirense.


(CONTINUARÁ...)