domingo, 12 de octubre de 2014

Los ríos de El Calderón y de Violéu, cabeceras de la Garganta de la Güesal.

¡Ah.ayádevos, cueveros!

A primeros de julio Victoria y quien suscribe realizamos un intento de descenso de la Garganta del Ríu la Güesal (Onís) que no pudimos completar porque comenzamos muy tarde y se nos echó la noche encima, obligándonos a buscar un escape. En su momento lo contamos aquí.
Y este sábado pretendimos saldar esa cuenta pendiente con el barranco, aunque al parecer no aprendimos la lección: también en esta ocasión comenzamos tarde y -como se verá- tampoco completamos el descenso...

El Ríu la Güesal toma su nombre a partir de la confluencia de otros dos pequeños barrancos de cabecera, los del Ríu de El Calderón por la derecha (este) y el Ríu Violéu por la izquierda (oeste), siendo conocido el lugar donde ambos mezclan sus aguas como L'Amecedoriu.
En la anterior ocasión habíamos abordado la Güesal entrando por el Violéu, que es un barranquito sin rápeles y de escaso interés deportivo, pero bonito en su parte final, donde forma una escalera de resaltes y marmitas a modo de gradas. En esta ocasión abordamos el descenso por el otro ramal, El Calderón, que no conocíamos aunque sabíamos que ya había sido descendido y que no entrañaba mayores dificultades.



Dejamos el coche en el mismo lugar que la otra vez, al final de la pista que desde Benia conduce a Castru, próximos a un marcado collado. Una vez pertrechados continuamos por el camino que da continuidad a la pista y que desciende del otro lado del collado. Cruzamos un puentecillo sobre el ríu Violéu y continuamos en ascenso por la ladera contraria, un busca de otro collado evidente que forma la divisoria con la cuenca de El Calderón. Descansamos unos minutos en este collado y después emprendimos nuevamente el descenso, alcanzando el cauce de El Calderón a la altura de una alambrada que cierra el paso al ganado impidiendo que se adentre en el barranco. Desde el coche unos 20-25 minutos.

Comienza el barranco con una bonita escalera de resaltes y pequeñas marmitas, siendo el primero de ellos de destrepe delicado (ante la duda hay árboles que permiten montar un rápel). Tras un giro marcado tenemos un tramo de unos 200 m. abierto y sin interés (prados a la izquierda y vallas de alambrada en el cauce), y después encontramos un par de pequeños resaltes que nos acaban conduciendo a otro de mayor entidad, unos 4 m., que podemos rapelar desde un arbolín o evitar destrepando por la izquierda. De seguido tenemos un segundo rápel (el único obligado con caudal normal) que encadena dos resaltes con una marmita intermedia; el primero es un tobogán que se puede hacer sin cuerda y el segundo una cascada de unos 5 m. La marmita intermedia cubre, por lo que con caudal alto puede convertirse en un punto bastante problemático; sería aconsejable meter anclajes artificiales e independizar el rápel de ambos resaltes. Tras estas pequeñas cascadas el río discurre por un pasillo en las calizas que da un giro brusco en planta y que forma -junto con las cascadas anteriores- el único tramo bien configurado del descenso.
Poco después vuelve a abrirse un tanto. Tenemos un par de resaltes y una larga rampa-tobogán, y pasamos a discurrir por un tramo de garganta amplia boscosa que presenta cuevas en ambas márgenes y numerosísimas surgencias, también en ambas orillas. Tras un par de centenares de metros y un giro en planta, dejamos atrás el tramo de garganta boscosa y pasamos a discurrir por una zona más abierta y con menos vegetación, soleada y con vistas hacia el valle de la Güesal y, a lo lejos, del Güeña. Poco más allá nos encontramos otra larga rampa-tobogán, y de inmediato llegamos a la confluencia con el Violéu en L'Amecedoriu, lugar de inicio de la Garganta de La Güesal propiamente dicha.

El descenso de este tramo nos llevó algo más de una hora (lo cierto es que nos lo tomamos con calma) y nos dimos cuenta que estábamos en el inicio de La Güesal con sólo dos horas de luz por delante... ¡igual que en julio! Sabíamos pues que ya no nos daba tiempo a completar el descenso, y encima en esta ocasión no llevábamos frontales con nosotros. Así las cosas decidimos regresar hacia el coche remontando el Violéu, que ya sabíamos no entrañaba mayor dificultad y que nos llevó poco más de media hora. Llegando ya a los coches tuvimos la oportunidad de charlar un rato con varios ganaderos locales, que amablemente nos aclararon varias cuestiones toponímicas.

Lo cierto es que así planteada (descenso por El Calderón y salida remontando el Violéu) se trata de una actividad más bien "para coleccionistas" que no tiene casi interés deportivo, pero que no obstante tiene un indudable interés estético y que puede hacer pasar una tarde agradable a quienes disfruten de los lugares apartados y de naturaleza bien conservada. Es necesaria cuerda de 30 m.

En cualquier caso parece ser que no hay dos sin tres, y que habrá que regresar nuevamente para completar (esperemos que esta vez sí) el descenso del barranco de La Güesal.

¡Saludos soterraños!

Camino de aproximación.
Escalera de resaltes al comienzo del tramo.
Primer rápel opcional.
Segundo rápel.
Segundo resalte del segundo rápel.
Tramo abierto finalizando el descenso. Detrás la Garganta de la Güesal y al fondo el Ibéu.
Rampa-tobogán que da fin al tramo.
Llegando a L'Amecedoriu.
Inicio de la Garganta de la Güesal y Olla de los Conventos.